No sólo los perros lamen, Ana

Anabelle era una chica de 17 años que vivía con sus padres, Jonathan y Cristina, y su perro Jimmy, un pastor alemán de alrededor de unos dos años de edad. Anabelle, una chica hermosa, de piel suave y blanca como la nieve, de cabello negro hasta los hombros, ojos oscuros, flaca y que medía alrededor de un metro y medio de altura, era novia de un chico que vivía en la casa de al lado, el hijo de sus vecinos, que tenía 18 años y se llama Joseph. Tenían una muy buena relación, que había comenzado un año antes cuando Anabelle y sus padres se mudaron, casi desde el momento en el que los chicos se habían mirado a los ojos por primera vez.

Los padres de ambos eran muy amigos, y en muchas ocasiones se reunían en la casa de alguno de los dos, por lo cual se les veía muy seguido sentados en las pequeñas escaleras que se encontraban frente a la puerta principal de ambas casas, mirando a las estrellas, con el brazo de Joseph rodeando la cadera de Anabelle, mientras ella apoyaba su cabeza de su hombro, y en ocasiones, de su pecho. Sin duda alguna, los chicos disfrutaban de cada momento juntos, en especial aquellos en los que se encontraban en esas pequeñas escaleras mirando las hermosas constelaciones que formaban esas luces que llamamos estrellas en el cielo, puesto que se les dibujaba una hermosa sonrisa en los rostros, ese tipo de sonrisas que solo somos capaces de tener cuando estamos en compañía de una persona realmente especial para nosotros.

El padre de Anabelle era un empresario muy exitoso, que cada cierto tiempo, a veces cada 3 meses y algunas otras veces cada mes, debía viajar a ciertas regiones del país, mientras que su madre era profesora en una universidad de horario nocturno para la gente que trabajaba todo el día, que quedaba en el centro de la ciudad, a una hora de la casa. Por parte de Joseph, su padre, George, era el director de la universidad en la que la madre de Anabelle trabajaba, y su madre, Alexia, era chef en un local de la ciudad, solo que estaba quedaba a una media hora más de distancia de la casa en la que vivían. Los padres de ambos chicos siempre llegaban tarde, algunas veces más tarde, o quizá más temprano, que otras, pero por lo general llegaban a casa cuando los chicos ya se encontraban dormidos o cuando ya estaban a punto de ir a la cama, por lo cual Joseph tenía la costumbre de ir a la casa de Anabelle a eso de las 7 de la noche de vez en cuando, poco después de que los padres de ambos ya no se encontraban en casa por petición de la chica para hacerse compañía, puesto que ella era muy asustadiza y odiaba estar sola en su casa, y debido a que al chico le encantaba estar en compañía de Anabelle, siempre aceptaba e iba con mucho gusto. Ocupaban su tiempo jugando videojuegos o juegos de mesa, viendo programas de televisión o películas e incluso, algunas veces, preparando comida. En pocas palabras, se divertían hasta que llegara la hora a la que normalmente iba a dormirse Anabelle, alrededor de las 9:30 de la noche. Tanto los padres de Anabelle como los de Joseph sabían de esto, aunque los chicos no sabían que sus padres estaban al tanto de eso; sin embargo, los padres nunca prohibieron las visitas, ya que se sentían más seguros de que sus hijos estarían bien de esa manera.

Una noche en que el padre de Anabelle se encontraba en viaje de negocios y los demás estaban trabajando, los chicos se encontraban viendo películas en la sala de la casa, como hacían de vez en cuando. De pronto, unos truenos rugieron en el cielo y al poco tiempo comenzó a llover, una lluvia que poco a poco fue aumentando su fuerza hasta parecer prácticamente un diluvio, con rayos y truenos sonando fuertemente cerca de la casa de la muchacha. Una hora luego de que comenzara a llover, la madre de la chica llamó a la casa para informarle que había ocurrido un grave accidente en la vía, por lo cual iría, junto con el padre de Joseph, a buscar a la madre del muchacho para luego buscar un lugar donde quedarse, porque además del accidente, la lluvia no dejaba transitar libremente en el carro por los atajos que a veces podían usar, mucho menos podían andar a pie en aquel aguacero; en ese momento, la madre de la muchacha le reveló que ya sabían de las visitas de Joseph y le dijo que se quedara con él hasta la mañana siguiente, cuando ya era seguro que los padres podrían regresar a la casa con calma. La chica se sintió muy apenada al escuchar que sus padres ya sabían, pero accedió rápidamente a decirle a su novio que se quedara con ella esa noche ya que tenía un miedo horrible a las lluvias como aquella, y además, sabía que se sentiría mucho mejor con la compañía de su novio y de su perro Jimmy. Por lo general, el pastor alemán siempre se encontraba en el patio trasero de la casa y la muchacha siempre lo hacía pasar cuando Joseph no iba a su casa, pero esa vez, cuando comenzó a tronar antes de llover, la muchacha dejó entrar a Jimmy a la casa para evitar que se mojara.

Jimmy había estado un tanto exaltado esa noche casi desde el momento en que entró a la casa de Anabelle; desde que comenzó a llover, estuvo ladrando a puertas y ventanas sin razón aparente, lo cual Anabelle interpretó como miedo a las lluvias, tal como el que ella tenía, debido a que había pasado antes. Lo extraño, era que esta vez el perro se había comportado de manera agresiva en algunas ocasiones con Joseph y hasta con ella misma, ladrando de forma amenazante cuando uno de ellos se le acercaba, pero luego la muchacha lo regañó y Jimmy se calmó y se echó al lado del sofá junto a los muchachos, pero aún seguía viendo las puertas y ventas de la casa, como si les fuera a ladrar nuevamente. Al momento de dormir, la lluvia aún no había amainado ni un poco, por el contrario, parecía que tomaba más fuerza y se burlaba de ellos por haber tenido la vana esperanza de que habría cesado antes de que durmieran. Antes de subir a su cuarto, Anabelle le preguntó a Joseph si no tenía problemas con dormir en el sofá de la sala, a lo cuál él le contestó que no. Se despidieron con un fuerte abrazo y un beso.

La muchacha subió las escaleras de la casa con Jimmy a su lado, quien la acompañaría en su cuarto debido a que Joseph dormiría en el piso de abajo, y así podrían enfrentar su miedo juntos. La chica llegó a su cuarto y cerró la puerta una vez que Jimmy ya se encontraba dentro junto a ella. Fue al baño y, al encender la luz, notó algo extraño en ella: la luz parpadeó por unos segundos antes de mantenerse estable, cosa que nunca antes había sucedido, pero que la atribuyó sencillamente a las fuertes lluvias que azotaban con tanta fuerza el techo de la casa, gota por gota y a grandes velocidades y cantidades. Se cepilló los dientes y se puso sus pijamas, colocando la ropa que tenía puesta en un cesto para la ropa sucia que tenía ahí, abrió la puerta del baño, apagó la luz del mismo y se dirigió a su cama para dormirse. El sonido de las gotas al caer, a pesar del miedo que le provocaba la estrepitosa lluvia que se había desencadenado unas horas antes, la ayudó a conciliar el sueño con más rapidez. Igual, antes de dormir, había puesto su mano al lado de la cama, para que Jimmy, que se había acostado en el piso a su lado, lamiera su mano, dándole la seguridad de que este se encontraba ahí y que la protegería; acostumbraban hacerlo antes, cuando vivían en una casa más pequeña al igual que el perro, cuando la chica se iba a dormir junto con Jimmy aquellas noches en que el miedo tomaba sus pensamientos en su totalidad y no la dejaban dormir con tranquilidad. Era un gesto hermoso que demostraba el lazo que había entre Anabelle y Jimmy, en el que ella le demostraba que ella estaba ahí haciéndole compañía y que él también se encontraba ahí protegiéndola.

A mitad de la noche, la chica se despertó repentinamente al sentir como que si su cama se hubiese movido, pero se dio cuenta de que tan solo había sido parte del sueño que estaba teniendo, del cual no recordaba absolutamente nada. Aún estaba lloviendo, pero un mucho más suave que antes de que se durmiera; sin embargo, además del susto que le había propinado despertar tan abruptamente de su sueño, tenía que seguir enfrentando el miedo que aquella lluvia le provocaba. No podía ver absolutamente nada en aquel cuarto oscuro, y pocas noches antes la bombilla de la lámpara que se encontraba en su mesa de noche se había quemado. Repentinamente, sintió un miedo horrible apoderarse de ella, y lo único en lo que pudo pensar para aliviar su miedo fue en extender su mano para que Jimmy la lamiera y le asegurara que la protegería ante cualquier miedo, a lo cual el perro le respondió con su seña para asegurarle de que así sería, lamiendo su mano. Anabelle, repentinamente, se sintió más segura que nunca y pudo cerrar nuevamente los ojos con calma; con el sonido de las gotas cayendo comenzó a sentir el sueño nuevamente y logró dormir de nuevo.

A la mañana siguiente, Anabelle despertó cuando Joseph tocó su puerta y la llamó cariñosamente, diciéndole que iba a preparar el desayuno, el cual estaría listo en poco tiempo, y que además su madre había llamado poco antes, diciendo que les tomaría alrededor de una hora y media más poder llegar a la casa, puesto que ya estaban terminando de arreglar el desastre que había quedado en la vía por culpa del accidente que ocurrió la noche anterior por causa de la lluvia. Anabelle se levantó y se dirigió al baño. Cuando salió del baño, se dirigió de nuevo a su cama para buscar sus pantuflas. No había visto a Jimmy, ni lo había escuchado, por lo cual supuso que este se había metido bajo la cama la noche anterior, quizá buscando un área más cálida en la cual dormir en aquel cuarto repleto de oscuridad. Cuando se agachó junto a la cama y se dispuso a llamar a Jimmy, notó que habían unas marcas de garras en el piso de madera de su cuarto, cosa que Jimmy jamás había hecho, por más miedo que tuviera. Cuando se asomó debajo de la cama, se dio cuenta de que Jimmy no estaba ahí tampoco. Casi al instante notó que las marcas de garras que se encontraban en el piso, donde Jimmy se había echado la noche anterior, se alargaban hasta la mitad del camino hacia el armario que tenía en la pared contraria a su cama. Cuando subió la mirada y la dirigió hacia las puertas del armario, vio una imagen terrible que la atormentaría hasta el día de su muerte.

Poco antes, en el piso de abajo, Joseph se encontraba sirviendo la comida en unos platos, los cuales organizó en la mesa del comedor. Luego de hacerlo, procedió a llamar a Anabelle para que bajara, pero la chica no contestó. Espero un poco y la llamó nuevamente, sin respuesta alguna al igual que la vez anterior. De pronto, el grito desgarrador y lleno de terror puro y dolor de la chica hizo que Joseph subiera lo más rápido que pudo al cuarto de Anabelle, tumbando la puerta para lograr entrar. Al entrar, vio a Anabelle en posición fetal sobre su cama, recostada de la esquina de la pared, meciéndose hacia adelante y hacia atrás; el chico, lleno de miedo, corrió al lado de su novia y le preguntó lo que le pasaba, a lo cual ella solo le respondió subiendo lentamente su mano derecha, sin dejar de mecerse, señalando el armario que se encontraba en la habitación. Joseph se paró lentamente sin dejar de ver a Anabelle, presa del miedo que ver a su novia de esa manera le provocaba. Lo primero que hizo, antes de mirar el armario, fue mirar detenidamente el piso, notando rápidamente las marcas de garra que se dirigían al armario. Luego, al subir la mirada, notó que la puerta del armario estaba un poco abierta y emanaba un olor fétido desde su interior, pero, en ese momento, lo que más le sorprendió fue ver lo primero que había visto su novia en aquel armario unos momentos antes. En letras rojas se encontraba escrito, con el dedo de una mano humana, las siguientes palabras:

NO SÓLO LOS PERROS LAMEN

Al acercarse al armario, pudo darse cuenta de que las palabras estaban escritas con sangre. A pesar del enorme miedo que le provocaba aquella escena tan terrible, consiguió reunir el valor suficiente para poder abrir el armario, liberando así un olor más nauseabundo aún que el que ya reinaba en la habitación. Al abrirse la puerta, escuchó a la muchacha gritar otra vez de la misma forma que antes, mientras que el muchacho daba tumbos hacia atrás, buscando estar lo más lejos que pudiera de lo que tenía frente a él, pero sin poder alejar la vista de aquella escena. Cayó al piso, pero sin embargo, siguió arrastrándose hacia atrás, hasta pegarse de la cama totalmente, como si aquella distancia no era suficiente.

Dentro del armario no se encontraba ropa alguna, dentro del armario se encontraba el pobre perro Jimmy, muerto y crucificado, con tres puñaladas en su cuerpo. En el momento en el que Anabelle lo vio por primera vez, se dio cuenta de que aquel goteo que la había calmado la noche anterior y la había ayudado a dormir no eran gotas de lluvia, pues caían más pausadamente. Aquel goteo era la sangre de Jimmy, que se escapaba lentamente de su cuerpo.

Poco después, llegaron los padres de los muchachos, encontrándose también con aquella horrible escena. Llamaron a la policía, que poco después llegó e inspeccionó la casa entera, buscando al asesino del pobre perro, buscando pistas de lo que había sucedido la noche anterior e interrogando a los muchachos. Ambos contaron la historia tal y como les pasó, incluso Anabelle contó que su perro le había lamido la mano, cosa que le apenaba sobremanera decirlo. Ninguna de las entradas de la casa, ni las ventanas, habían sido forzadas de ninguna manera para entrar a la casa. Las ventanas estaban trabadas con un mecanismo contra robos, cuya combinación para abrirlas solo las sabía la muchacha, por lo cual descartaron la teoría de que el muchacho hubiese abierto las ventanas, y además, la chica se había llevado con ella el único juego de llaves que había en toda la casa para abrir cualquiera de las puertas de entrada, incluso de las puertas de los cuartos del segundo piso de la casa. El muchacho no había sido, pero tampoco había podido ser la muchacha, puesto que no había ningún cuchillo desechado lleno de sangre en su cuarto, ni siquiera en las calles adyacentes, en ninguna parte cercana a la casa, y, lógicamente, todos dudaban que con aquella lluvia alguien iba a salir a botar un cuchillo lejos. En fin, la investigación no llevó a ningún punto y tuvo que cerrarse el caso poco después.

El comportamiento de Anabelle se volvió cada vez más errático, hasta el punto en que a veces se le encontraba en el mismo punto de la habitación en que Joseph la encontró, meciéndose en posición fetal y repitiéndose si misma las palabras que estaban escritas en sangre, la sangre de Jimmy, en el armario de la habitación. “No sólo los perros lamen, no sólo los perros lamen, no sólo los perros lamen“. Pronto, poco a poco se dio a notar que la chica había perdido la cabeza, porque, en definitiva, ¿quién había lamido su mano aquella noche, si la policía dio como hora de muerte de Jimmy poco antes de que ella saliera del baño? No había sido el perro, pero entonces… ¿Quién?

Tuvieron que internar a Anabelle en un psiquiátrico pocos meses luego del incidente. Tanto sus padres, como Joseph y los padres de Joseph la visitaron por muchos años. Lo que pocos saben, lo que pocos notaron o quisieron notar, fue que la respuesta de quién o qué había lamido a Anabelle aquella horrible noche si habían comprobado que nadie había entrado a la casa aquella noche la tuvieron poco después de que la chica entrara al psiquiátrico. Poco después de entrar, cuando todos los pacientes estaban en una sola habitación, uno de los pacientes del psiquiátrico le tomó una foto a Anabelle con una cámara de revelación instantánea cuando se encontraba sola, meciéndose en una esquina como lo hizo aquella mañana en que descubrió el cuerpo de su mejor amigo en su armario. La foto que salió mostró que la chica no estaba sola en aquella esquina de la habitación del psiquiátrico. Junto a ella, y solo en la foto, se lograba distinguir vagamente la forma de una persona extraña y esquelética, un hombre de mediana edad a pesar de lo que podía aparentar por su deteriorado estado físico, arrodillado junto a ella.

Estudiando la foto detenidamente, se puede ver que lo que hace aquel hombre arrodillado junto a Anabelle… El hombre está lamiendo su mano como hizo aquella noche luego de asesinar a su perro.

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