El Hombre Delgado

                ¿Dónde demonios estoy? ¿Qué está pasando aquí?

Su mente se mantuvo en shock por unos instantes, intentando asimilar cómo era posible que, de un momento a otro, no se encontrara en la cama de su habitación, escuchando su música favorita con los audífonos a todo volumen intentando relajarse luego de un largo día; en cambio, se encontraba acostado en la tierra, en un bosque totalmente oscuro, luego de simplemente haber cerrado sus ojos por unos cuantos minutos. Al abrir sus ojos se encontró con que aquel bosque reinado por la oscuridad más envolvente, perturbada sólo por las pocas estrellas que podían ser divisadas en la bóveda celeste y por la luz de la linterna de la cámara que tenía en su mano derecha, era ahora, inexplicablemente, su nueva ubicación. Luego de asimilar lo poco que podía asimilar en aquella misteriosa situación, decidió levantarse y comenzar a andar, apuntando la cámara hacia el frente, iluminando su camino.

Podía escuchar como las ramas de los árboles se batían y se movían de un lado a otro, pero no podía sentirlo contra su rostro. Podía escuchar ramas crujiendo y la grama y las hojas caídas de aquellos árboles enormes siendo pisadas cuando se quedaba quieto en un solo lugar para pensar bien la situación en la que estaba, pero no concebía la idea de no estar solo en aquel extraño lugar, puesto que, en aquel silencio enorme que el espacio que él ocupaba, era posible escuchar hasta la sangre fluyendo por sus venas. No soportaba la sensación que aquel silencio le provocaba, así que, mientras caminaba, decidió no parar de hacerlo en ningún momento.

Siguió su camino hasta que se encontró frente a un árbol solitario y torcido que se diferenciaba y distanciaba mucho de los demás, sin ningún tipo de hojas ni frutos cubriendo su copa; aquel era un árbol que provocaba un frío invernal cruzar su espalda. No le encontraba explicación a su reacción. ¿Cómo un árbol solitario en medio de aquel bosque era capaz de provocarle miedo a una persona? Quedó paralizado nuevamente, tan sólo por un momento.

Rodeó el gran árbol y siguió su camino, encontrando un camión y una casa rodante. El camión estaba increíblemente desgastado y oxidado; lo inspeccionó inconscientemente, buscando pistas del lugar en el que se encontraba. De pronto, notó algo extraño en la pared que tenía frente a él de la casa rodante: era una hoja, una página arrancada de algún cuaderno con un dibujo en ella. La página estaba amarillenta, dando a ver el largo tiempo que tenía la hoja colgada de ese lugar. Se acercó a recogerla para inspeccionarla y se llevó una sorpresa poco grata al ver el dibujo que tenía: Había una especie de “hombre de palitos” muy alto, rodeado de un montón de “árboles” dibujados de la misma forma. El problema es que aquellos árboles parecían ser más que eso, parecían ser personas siendo absorbidas por la oscuridad, y aquella extraña figura, mucho más alta que ellas, las vigilaba y se aseguraba que cesaran de existir en este mundo.

No pasó mucho antes de comenzar a sentirse más incómodo, no solamente por la situación que se planteó en su mente al ver aquel dibujo tan extraño y mórbido, sino porque los crujidos y pisadas, el batir de las ramas en el punto más alto de las copas de los árboles, habían ido intensificándose, volviéndose más atemorizantes, aunque fuera sólo un poco más que antes. En aquel momento se dio cuenta de algo: el sonido venía de algún punto detrás de él, a sus espaldas, y a veces parecía acercarse más y más. Sin pensarlo dos veces giró, tan sólo para acallar sus pensamientos y decirse que era mentira, que estaba totalmente SÓLO en aquel lugar, para calmarse. Miró a través de su cámara, haciendo zoom para asegurarse de poder mirar entre los árboles más lejanos. Y entonces, alimentando su miedo irracional de aquel bosque, vio una especie de óvalo totalmente blanco moviéndose a una cierta altura a lo lejos, detrás de un árbol, pero así como lo vio, desapareció.

No podía explicarse aquello que acababa de ver, así que decidió correr hacia el lugar al que se dirigía inicialmente, escapando en la dirección contraria del lugar en el que avistó el óvalo blanco. Corrió y corrió, pero su condición física, a pesar de no sufrir de sobrepeso, no era la más óptima para correr por mucho tiempo, y, al cabo de un poco tiempo, se cansó y paró de correr, encorvándose un momento hacia el frente para tomar aire. En ese momento volteó nuevamente para asegurarse de que no había nada detrás de él, y entonces se dio cuenta de algo que le quitaba la lógica al objeto ovalado que vio detrás del árbol: vio el óvalo aparecer y desaparecer justo detrás del árbol que le había causado aquel susto tremendo no mucho tiempo antes. Él siempre había sido así, con respecto a los miedos que de vez en cuando sentía. Si se asustaba con algo de manera irracional – ya fuera un objeto, un lugar, o cualquier otra cosa –, lo más probable era que su mente buscaría más excusas para tener miedo, así fuera creando ilusiones. Esa era su forma de explicarse a sí mismo por qué tenía tanto miedo a cosas que podían calificarse como estúpidas.

Terminó de descansar y de calmarse, para volver a encontrarse en aquel bosque olvidado, en lugar de la comodidad de sus pensamientos. Tenía que encontrar una forma de escapar de ese lugar, pero no tenía idea de cómo lo haría.

Aquí hay otro camión oxidado. Y por supuesto, la puerta ni abre. Maldición.

                Bajo el camión había marcas de las llantas a través del camino, pero era imposible que aquel camión se hubiera movido desde hacía un buen tiempo. No sabía manejar muy bien, pero por lo menos aquel camión le habría sido de mucha ayuda si hubiese podido ponerlo en marcha. Las huellas le llamaron mucho la atención, así que las siguió, caminando lentamente. Se había aislado completamente de los ruidos del bosque, para evitar alimentar sus miedos y pasar por una nueva crisis como la del “óvalo en el árbol”. Las huellas seguían el camino hasta un túnel, inconcebiblemente más oscuro que el mismo bosque, pero antes de la entrada del túnel había otro camino, que decidió tomar antes de intentar entrar en ese túnel. También decidió evitar salirse del sendero que venía siguiendo desde el momento en que se despertó y caminar entre los árboles. En su camino, se encontró con algo totalmente extraño. A su izquierda se encontraban unos tanques oxidados, como toda superficie de metal que había encontrado hasta el momento, que creaban una especie de laberinto extraño, y a su derecha, se encontraba una estructura, como una especie de primer piso de un edificio. Frente a él no veía nada más que la oscuridad impenetrable, a pesar de la luz de su cámara. Era claustrofóbico, así que su decisión fue obvia. A pesar de que los tanques formaban un laberinto, eran más espaciosos y tenían más salidas que la extraña estructura que se encontraba a su derecha.

Eran dos tanques alineados verticalmente, con espacios de por lo menos unos dos o tres metros entre cada uno, y un poco más a la derecha habían más tanques alineados horizontalmente en paralelo. Comenzó a acercarse a ellos cuando, de pronto, escuchó que los crujidos y la grama sonaban más que antes, con mayor velocidad. Esta vez no volteó, puesto que el ruido se iba acercando cada vez más y más; en lugar de eso, se adentró en el “laberinto” que formaban los tanques, intentando escapar de lo que fuera que lo perseguía. Fue corriendo a través de ellos, alejándose lo más que podía del ruido. De pronto, el ruido cesó de golpe. Estuvo unos segundos pensando qué hacer, si voltear o seguir, pero de una forma u otra, ya había parado y no seguiría corriendo. Frente a él se encontraba otra página amarillenta, pegada a uno de los tanques; esta vez estaba lo suficientemente cerca de la página como para saber lo que había en ella. Una especie de rostro, con un par de “X” en lugar de ojos, pero sin una nariz ni tampoco una boca, se encontraba dibujado en el centro de la página, y tanto arriba como abajo del supuesto rostro había una frase escrita. Arriba decía “SIEMPRE VIGILA” y abajo “SIN OJOS”. Tomó la página, y, tan pronto como pudo arrancarla del tanque, la “persecución” comenzó nuevamente.

Corrió y corrió hasta que se encontró con una especie de torre metálica. No podía creer que tan sólo un ruido podía hacerlo correr de esa manera, pero algo le decía que no podía parar. En la base de la torre encontró una especie de hoyo por el cual pudo introducirse mientras esperaba a que el ruido cesara nuevamente.

Maldita sea, ¿qué es eso que me sigue? ¿Qué es ese ruido?  Esto tiene que ser una pesadilla, ¡tiene que serlo!

                Tenía los ojos abiertos de par en par y los nervios de punta. No podía pensar en otra cosa que no fuera el ruido que parecía estar persiguiéndolo; y para colmo, lo único que podía escuchar era ese ruido. Al cabo de un rato, cuando el ruido se distanció bastante del punto en el que él se encontraba, decidió salir. Para su sorpresa, en la pared de la torre también había una página amarillenta. Se acercó, medio hipnotizado por la extrañeza de lo que estaba representado en ella, y la tomó, juntándolo con las otras dos que ya tenía. Esta hoja tenía de nuevo el supuesto árbol que parecía ser una persona y decía “DÉJAME SÓLO”. No sabía qué significaban, y tampoco lo sabría jamás, pero sabía que eran muy importantes. De manera infantil, tenía sus esperanzas puestas en que podría salir del bosque si las cargaba encima. Quizá la soledad de aquel lugar y la paranoia que le causaba el ruido le estaban causando efecto ya, pero de todas formas, no podía pensar de otra manera. Sólo quería salir.

Siguió el sendero que estaba frente a él, siguiendo el camino por el que había llegado a la torre de metal. Sentía que la oscuridad iba tragándoselo lentamente, pero sin parar, con seguridad. Necesitaba salir; aquel lugar no era su lugar.

Camino un poco más, el ruido había cesado en su totalidad desde poco tiempo antes. Se tropezó con un par de rocas enormes que quedaban un poco fuera del sendero. A pesar de no querer pasar por entre los árboles, pensó que tendría más oportunidades de eludir a quien originaba el ruido que le tenía los nervios de punta si se adentraba entre los árboles. Rodeó las rocas, pero en el trayecto vio algo a lo que estaba acostumbrándose poco a poco. De nuevo había una página amarillenta en aquel lugar, pero esta vez estaba pegada a las rocas. Esta sólo tenía escritas dos palabras, pero entre ambas ocupaban la página completa: “¡AYÚDAME!”. A pesar de que las páginas nunca le habían traído una buena impresión, siempre le habían causado escalofríos, esta le parecía la más críptica de todas. ¿Ayudar a quién? ¿A qué? ¿Sería posible que otros hubiesen pasado por lo que él estaba pasando en ese momento? Hasta el momento no había buscado ningún tipo de conexión entre las páginas con alguien que haya estado en su situación.

De pronto, escuchó el ruido venir a lo lejos y tuvo que adentrarse en los árboles, buscando un escondite. Intentó seguir el camino que indicaba el sendero pero desde la oscuridad, protegido por los árboles. Apagó la linterna de la cámara mientras caminaba, para evitar que fueran a verlo en aquel “escondite”. Siguió su camino y encontró una nueva estructura, o al menos la base de una. Eran dos paredes unidas que formaban una “X”, y justo colgando de la pared que se encontraba a su izquierda estaba otra página más. Cuando se acercó a tomarla, comenzó a sentir algo a sus espaldas, pero tuvo miedo de voltear. Se quedó paralizado a mitad de camino, sin siquiera respirar, y, al poco tiempo, la presencia se desvaneció. Soltó el aire de golpe, sintiéndose más aliviado al instante. Terminó de acercarse a la pared y tomó la página sin siquiera haberle echado un vistazo previo, como había hecho con las cuatro anteriores. Luego de arrancarla de su lugar, le echó un vistazo: la página tenía un dibujo del mismo hombre de la primera página en una esquina de la hoja, parado en una línea que representaba el piso, y sobre él, en la esquina superior, había una estrella. La frase “NO LO VEAS… O ÉL TE ATRAPARÁ” estaba escrita en la mayor parte de la hoja.

Y, en ese momento, fue cuando lo vio por primera vez. Se dio la vuelta y detrás de él había un hombre altísimo y delgado, vestido con un traje formal negro, con brazos largos. Pero su característica principal no era ninguna de esas. Lo que se incrustó en su mente no fueron sus brazos largos, ni su gran altura, tampoco la piel pálida como la nieve que tenía ese ser.

No.

Lo que se quedó en su mente fue algo mucho peor. La falta de un rostro en aquel ser. No tenía boca, no tenía nariz, no tenía orejas, no tenía ojos. Ni siquiera tenía cabello.

De pronto, aquel ser se encorvó un poco, acercándose a él. No podía moverse ni un milímetro, pero sabía que tenía que hacerlo cuanto antes. De pronto, el “hombre” se alejó un poco y en ese momento, sin pensarlo mucho, él decidió correr, correr tan velozmente como pudo, para escapar de esa cosa.

Ahora sí estaba seguro de que no había imaginado absolutamente nada en todo el tiempo que llevaba ahí. Se tambaleaba con cada paso que daba, el miedo podía más que sus ganas de correr, pero no dejaba de hacerlo en ningún momento. Llegó hasta un lugar en el que se encontraban unos troncos serrados puestos en dos filas, pero igual siguió corriendo. En el piso vio una de las páginas amarillentas que tenía rato viendo en aquel bosque, en el hogar de esa criatura infernal y extraña. La página simplemente decía “¡NO PUEDES CORRER!”.

Mientras corría giraba la cabeza para ver qué tan lejos estaba del ser extraño que lo estaba persiguiendo, así que no se dio cuenta hasta que era muy tarde de que había entrado en el túnel oscuro que había visto antes pero que había decidido evitar. Cuando se dio cuenta, iba por la mitad del túnel. Apenas lograba ver el final de aquel largo túnel, sin importar la luz de la linterna de su cámara, que encendió rápidamente. En el túnel sólo caminaba, no podía correr, estaba demasiado cansado.

Entonces, llegó al final del túnel y encontró una nueva página en el extremo del mismo. Esta vez, la página no daba información, no daba imágenes. Esta vez, la página sólo mostraba al ser que lo venía persiguiendo, a aquel hombre delgado y alto sin rostro que lo perseguía. Y alrededor del dibujo de aquel ser infernal estaba escrito “NO” repetidas veces, llenando la hoja por completo.

De pronto, escuchó algo caer a sus espaldas, algo que caía desde la parte superior del túnel. Tuvo miedo de voltear, pero ya no tenía fuerzas para correr por el túnel de nuevo, ni físicas ni mentales. El miedo se había apoderado total e irreversiblemente de él. Cuando terminó de voltear, el hombre alto estaba detrás de él, como se esperaba, pero esta vez, una gran cantidad de tentáculos salían de la espalda de ese hombre. Se tropezó y cayó sentado en el piso, justo en la entrada del túnel. Lo último que vio fue al hombre encorvándose nuevamente hacia él, para luego mostrarle dos páginas más: la que había visto en el piso cerca de los troncos y otra que no había visto. En esa última salía ese “hombre” y a su lado estaba escrito “PERSIGUE”.

Aunque no había expresión alguna en el rostro de aquel ser por la falta de ojos, boca y demás, podía sentir como si aquel ser le estuviera haciendo un gesto de burla solo con el hecho de acercarse tanto y mostrarle las notas. Después, los tentáculos se extendieron y se dirigieron velozmente hacia él.

Después de eso, sólo hubo oscuridad, mientras el frío y el bosque lo absorbían, junto al hombre delgado.

Al lado de la cámara, a la cual le quedaba muy poca batería, que encontraron en la habitación de Christopher Reuss, encontraron un total de 5 páginas arrancadas de un cuaderno con extraños dibujos y palabras escritas de forma atropellada, e incluso hasta exagerada. Entre algunas de las oraciones que estaban escritas en las páginas, encontraron escritas oraciones que les heló la sangre tanto a los padres del chico como a la propia policía, no tanto por lo que estaba escrito en ellas, sino por el miedo que podían transmitir, y el hecho de saber que el chico había pasado por dicho miedo a tan corta edad era realmente perturbador. “¡Ayúdenme!”, “Siempre vigila, sin ojos”, “¡No puedes correr!”. No había rastro del chico de tan sólo 16 años, que de pronto, con un grito lleno de terror, de miedo, que escuchó su familia a mitad de la noche, había desaparecido sin dejar rastro alguno. Lo más desconcertante del caso es que lo que estaba grabado en la memoria de la cámara era un video en el que el chico – sus padres afirmaron que era él por su voz – corría a través de un bosque totalmente oscuro, recolectando las páginas arrancadas, las cuales se encontraban pegadas a paredes, árboles y cualquier superficie vertical que encontraba en el bosque, mientras escapaba de una figura extraña, alta, sin rostro y vestida con un traje negro que lo perseguía. ¿Cómo pudo haber llegado a tal lugar si en ningún momento salió de su casa? Además, no había un lugar parecido en ninguna área de la ciudad ni de sus alrededores, probablemente ni siquiera en todo el país. Nunca encontraron al pobre chico.

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