Parte III – Mansiones y Pesadillas

Mientras me acercaba, noté que había un gran libro abierto en la mesa que separaba ambas sillas. Realmente no podía creer lo que estaba haciendo, pero quería traerla de vuelta, o mejor dicho… Lo necesitaba. Me senté, teniendo el presentimiento de que las cosas no iban a terminar bien, pero me daba igual.

“Por un momento dudé en que vendrías, querido amigo, pero ya veo que estaba muy equivocado al respecto. Este libro que tengo a mi lado, si te lo estás preguntando, habla sobre la alquimia, relativamente todo lo que necesitas saber para poder traerla de vuelta. Antes de comenzar, necesitas saber cuál será el gran sacrificio del que te hablé y mis condiciones para enseñarte lo que sé. Pero primero, déjame contarte algo de esta casa, que espero te llegue a servir en el futuro”. Sus palabras tenían el mismo efecto en el aire a nuestro alrededor que tuvo la primera vez que hablamos cerca del edificio, y seguía rodeado por esa aura maldita que hacía que mis sentidos enloquecieran. Lo escuché por largo rato sin decir una sola palabra, como ya había hecho anteriormente en la “conversación” anterior que tuve con Zaéd; me limité a asentir a lo que me decía y a mirarlo con atención hasta que terminó de hablar. “Esta mansión se construyó para ser usada exclusivamente por alquimistas desde que fue construida en el siglo XIX. Primero perteneció a una familia de grandes alquimistas, los Stathar, quienes mandaron a construir esta mansión en 1890. Luego de que la construyeran, los Stathar usaron su alquimia un laboratorio en los cimientos de la mansión en la que podrían llevar a cabo sus experimentos para dar con lo que voy a enseñarte, al cual solo podían acceder alquimistas. Antes de pertenecer a los Gómez, quienes no supieron apreciar la gran herencia que les dejaron sus antepasados, cinco familias más vivieron aquí. Si, ellos también fueron alquimistas, querido amigo, pero realmente nunca pudieron manejar el poder tan enorme que poseían. La herencia de la que te hablo, son los conocimientos que le transmitía una familia a la siguiente para que continuaran con la investigación, ya que cada familia debía durar quince años aquí y no más, para mantener el sello del laboratorio en su lugar y funcional. Al momento de llegar a los Gómez, la herencia ya había cambiado: la familia anterior había llegado a la meta final; pero los Gómez debían continuar la investigación usándola, debían traer a la vida a alguien antes de que los demás alquimistas pudieran enterarse. Su actitud hacia los demás era solo para poder mantener a la gente alejada del interior de la mansión, puesto que habían logrado devolverle la vida a alguien del pueblo y nadie podía enterarse. Como sabrás, hace veinte años fue que murieron los Gómez. Bajo la gran mesa del centro se encuentra la entrada al laboratorio, pero como podrás deducir, tú aún no podrás entrar. Supongo que debo decirte las razones por las cuales sé todo esto; mi familia iba a ser la siguiente en ocupar esta casa, y es por eso mismo por lo que también tengo acceso libre a ella. No me permitieron traer a mi familia, pero me encomendaron la tarea de buscar la herencia. Tomé posesión del lugar, por así decirlo, el día en que se cumplirían los quince años de los Gómez y desde entonces había estado buscando la herencia, pero no encontré nada que pudiera llevarles de vuelta hasta hace poco más de siete años. Pero me tomó tiempo poder perfeccionarlo; siete años exactamente, la misma cantidad de tiempo que le tomó a los Gómez lograr traer de vuelta a alguien de la muerte. Supe de tu historia poco después de haber encontrado la herencia y me dije a mi mismo que tú podrías ser quien me ayudase a terminar con mi misión, así que decidí ver si realmente podrías ayudarme. Cuando conseguí perfeccionar la técnica, faltaban pocos meses para que volvieras a “ese lugar” y esperé hasta ese día. Como verás, ambos ganamos con todo esto. Tú logras traerla de vuelta y yo logro cumplir mi misión”.

Aunque tenía una pregunta en mente, no pude formularla de ninguna manera y jamás logró salir de mi mente. En su lugar, le hice otra pregunta que también me intrigaba y me dejaba con una sensación muy incómoda: ¿en qué podía servir yo para ayudarle si no sabía nada de alquimia? “Mi querido amigo, ahí es donde está el sacrificio que debes hacer para lograr traerla. Mi meta con nuestro acuerdo es enseñarte lo necesario para que puedas entrar al laboratorio y para que puedas hacer el sacrificio. Me cuesta decirlo pero… Deberás dar tu alma para poderla traer de nuevo al mundo de los vivos. Si he de regresar con respuestas, no puedo dar mi alma, además de que para poder hacer que la persona vuelva, has de dar tu alma en voluntad propia por alguien que amas de verdad. En la alquimia, para poder crear algo, debes dar algo del mismo valor a cambio. Si das tu alma, también darás la vida que llevas en este momento”.

Dar mi alma a cambio de traerla de vuelta. No era lo que me esperaba, pero realmente daría lo que fuera con tal de remediar lo que ocurrió esa noche. Siempre me he culpado por lo que pasó… Si no hubiese sido por mí, nos habríamos ido mucho antes… “Acepto”, dije luego de sentir un vacío en mi corazón, producto de la nostalgia, los recuerdos y la culpa. Vi cómo se dibujaba una sonrisa en el rostro de Zaéd, y me dije a mi mismo, su sonrisa no es porque acepté. Deseché la idea casi inmediatamente, puesto que no habría razones por las cuales él debía de sentir alguna especie de satisfacción por mi dolor o por algo más, solo porque acepté ayudarlo. Sin embargo, no pude evitar sentir dudas acerca de ese hombre, sin importar lo que me había dicho y lo decidido que estaba. Jamás en mi vida me había sentido así. Y, aunque sabía ya lo que debía dar a cambio, temía que lo que me estaba diciendo, lo que cumpliría mi sueño al fin de verla alguna vez de nuevo viva y no en mis sueños, fuese una simple mentira. Sentí como una lágrima de dolor recorría mi mejilla, por lo cual la sequé rápidamente antes de que el distraído Zaéd, que había tomado el enorme libro y lo estaba leyendo, se diera cuenta.

“Tan solo tengo dos condiciones para que todo esto se lleve a cabo, y solamente las tengo por el bien de mi gente. Primero, debes permanecer aquí una semana, mientras que preparamos todo y te enseño a abrir la puerta al laboratorio. Segundo, no puedes tener contacto con nadie del exterior de esta mansión mientras que realizamos todo. Te daré unos días para que hables con las personas de este lugar -me decía mientras extendía su mano hacia mí y me daba un papel con una dirección-, para que busques un lugar para vivir lejos de esta ciudad con ella cuando todo esto termine, ya que nadie puede enterarse de nada. ¿Entendido? Ven cuando estés listo y comenzaremos de inmediato”. Le di las gracias por la oportunidad que me daba, aunque la incertidumbre que invadía mi corazón abrumaba mi mente y no me dejaba ser totalmente sincero con lo que le decía. Me levanté y fui a la mesa del centro a buscar mi chaqueta, sin dejar de prestar atención al suelo, buscando la entrada secreta al laboratorio, pero no vi nada.

Zaéd me acompañó hasta la puerta y me dijo una última cosa. No debía mencionarle a nadie lo que había ocurrido esa noche ahí, lo que había aprendido y lo que estaría a punto de hacer. Me fui rápidamente a casa, llegando a la mitad del tiempo que me había tomado ir a la mansión de los Gómez, a la cual llamé la Casa de los Alquimistas. Creía muy poco de lo que había escuchado esa noche, pero sabiendo que era real; necesitaba dormir, necesitaba calmarme un poco, así que decidí dormir apenas llegué aunque no tenía sueño. Eran las 2:32 de la madrugada.

Cuando abrí los ojos, me encontraba en un pasillo poco iluminado, lleno de cuadros extraños que mostraban escenas horribles en las que monstruos y demonios destruían ciudades, asesinaban y descuartizaban personas y esclavizaban a la gente. Aunque estaba muy asqueado por las pinturas, seguí caminando por el pasillo, que se volvía menos iluminado a cada paso, siguiendo unos sonidos que venían del final. En el camino encontré una linterna sobre una mesa, que tomé para iluminarme mejor el camino. Cuando al fin llegué al final del pasillo, me encontraba en un cuarto enorme lleno de mesas. En la mesa central había cuatro personas sentadas hablando, pero no lograba entender de qué hablaban. En un principio, pensé que les molestaría la luz de la linterna, pero no se inmutaban ni siquiera un poco. Continué acercándome y logré distinguir el rostro de tres de las personas que estaban ahí, reconociéndolos al instante. Eran el señor Gómez, antiguo dueño y jefe de familia de la Casa de los Alquimistas a quien reconocía por fotos, el taxista Rodríguez y a Zaéd. A la cuarta figura que estaba sentada en las sillas no la reconocía, puesto que estaba de espaldas hacia donde yo estaba. Cada vez escuchaba mejor la conversación, pero había un sonido muy extraño, como un chillido intermitente que poco a poco se hacía más notorio, así como las palabras que estructuraban la conversación del pequeño grupo. Ninguno de los individuos notó mi presencia en ningún momento, ni mientras me acercaba ni cuando ya había llegado. Estaban hablando de la herencia y del sacrificio, intentando ver qué podían hacer para que ese no fuera el sacrificio, pero uno de ellos estaba en contra de dicha sugerencia. Al llegar finalmente a la mesa, el chillido se había vuelto mucho más fuerte que en un principio, pero aun así podía escuchar claramente la conversación de los individuos. Y entonces, vi a Zaéd pararse de su asiento violentamente, golpeando con fuerza la mesa con la palma de sus manos. “Si quieren que podamos seguir creciendo en poder necesitamos esas almas, hermanos, no tenemos otra alternativa. Además, una vez que consigamos traer a alguien de vuelta, podemos darle el elixir y jamás morirán de nuevo. ¡¿Es que acaso no entienden lo importante que es que NUESTRO linaje siga existiendo en el futuro?!”. En ese momento, vi que la cuarta figura había volteado hacia donde me encontraba yo, revelando el rostro de la criatura de mi pesadilla, que me veía fijamente con sus ojos negros, produciendo ese chillido intermitente que venía escuchando desde hace rato. Al verlo, di un paso hacia atrás del miedo y me choqué contra una de las sillas de la mesa que estaba detrás de mí, provocando que volteara un momento, y al volver la vista hacia adelante, la criatura se preparaba para lanzarse sobre mí. No tenía escapatoria, puesto que al tener nuevamente la noción de lo que ocurría, ya la criatura estaba sobre  mí tomándome de nuevo por los brazos como antes, mordiendo cruel y salvajemente en mis muñecas con esas extrañas bocas mientras el peso me tumbaba al suelo, soltando la linterna. Cuando caí, cerré los ojos esperando el inminente final a manos de los colmillos de la criatura; pero repentinamente el peso dejó de estar sobre mi cuerpo y mis brazos habían sido liberados, por lo cual abrí los ojos, encontrando la visión de mi habitación, iluminada por la luz del mediodía. Había sido solo un sueño, una horrible pesadilla de nuevo; aunque esta vez, a diferencia de la pesadilla anterior, la marca de la boca de la criatura no desapareció de mi brazo izquierdo.

Aunque no podía creer lo que veía en mi brazo izquierdo, tenía que hacer lo que Zaéd me había pedido: ir a hablar con esas personas para que me consiguieran un nuevo lugar para vivir luego de traerla de vuelta al mundo de los vivos. Tampoco entendía muy bien el sueño… ¿Por qué discutía sobre eso con ellos y les decía que el sacrificio del alma era lo mejor? ¿Qué hacía el taxista ahí? Bueno… Al menos era un simple sueño, así que decidí hacer caso omiso a mis preguntas y dedicarlas a mi brazo y a lo que encontraría en la dirección que me dio Zaéd.

Al llegar a la dirección, noté que era una casa un tanto antigua en la que no había nada extraño, salvo su relación con Zaéd. Toqué la puerta con un poco de miedo y un hombre joven y alto me abrió la puerta. Me preguntó qué hacía ahí, así que le mostré la nota con la dirección, la cual tenía un pequeño sello en el fondo que al parecer solo lo usaba él, por lo que se acercó a mí un pequeño hombre anciano pidiéndome que entrara y lo siguiera dentro de la casa. Ahí, el hombre se limitó a darme una nueva dirección y las llaves de una casa, diciéndome que la casa se encontraba en Europa y que la cuidara bien, que allá encontraría paz para mi futuro, pero que debía pensar bien las cosas antes de hacerlas, “…porque el que juega con fuego, se quema”, me dijo. Decidí no hacerle caso a sus palabras y regresé a mi casa, agradeciéndole su ayuda.

Luego de pensarlo muy bien por unos días oscuros y solitarios y unas noches terribles y con sueño recurrente de verla a ella siendo arrebatada de mis brazos mientras yo corría tras ella alejándome más y más a cada paso que daba, decidí ir a la Casa de los Alquimistas de nuevo para acabar de una vez por todas con mis pesadillas y mi dolor. No sabía lo que sería vivir sin mi alma, o si es que realmente podría vivir, pero ya no me importaba, ya nada me importaba… Solo ella.

Fui de noche a la mansión, vislumbrando nuevamente la belleza que tenía el exterior de la misma, que a la vez hacía que me dieran escalofríos. Esta vez, el mismo Zaéd me abrió la puerta y me saludó, pidiéndome nuevamente que fuera a la librería y dejara mi chaqueta nuevamente en la mesa grande, pero que me sentara en una de las sillas de esa mesa en vez de la pequeña del extremo oeste. Poco después de quitarme la chaqueta, Zaéd notó la marca que me dejó la criatura en el brazo izquierdo. “Reconocería esa marca donde fuera. Yo mismo tengo un par en cada brazo. Esas malditas criaturas de las sombras solo saben alimentarse de las pesadillas de las personas, justo en el momento en que el miedo se apodera de ellas. Aunque hay quienes dicen que se alimentan es del miedo en sí, puesto que muchos los han visto fuera de sus sueños. Pero te enseñaré a combatirlas, así que tranquilo, no te harán más daño. Los Grimahls temen a la luz”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s