Parte IV – Una nueva decisión que tomar

Estuve hasta el amanecer estudiando el enorme libro sobre alquimia que Zaéd me había mostrado la primera noche que estuve aquí en la Casa de los Alquimistas, intentando aprender lo necesario para poder entrar al laboratorio, pero no pude hacerlo. A mitad de la noche, Zaéd y yo desplazamos la gran mesa a un lado para revelar la entrada al laboratorio. Bajo la mesa se encontraba una marca gigantesca, una especie de estrella formada por líneas de siete puntas con un círculo en cada punta y un grabado dentro de cada círculo; en el centro de la estrella, la parte más grande de la misma, estaba grabado un escudo, llamado la Marca de la Vida, que, según me dijo Zaéd, representaba al gremio de alquimistas al que pertenecieron todos los habitantes de la Casa de los Alquimistas. La Marca de la Vida era un hombre encapuchado con los cuatro elementos dibujados a su alrededor. Para entrar se necesitaba tener cierta experiencia con la alquimia y luego colocar la mano sobre el sello, con lo cual se revelaría la puerta verdadera para ir al laboratorio; pero esa experiencia necesaria, lamentablemente, yo no la poseía en lo más mínimo: el alquimista que deseara entrar debía haber, como mínimo, creado siete objetos distintos, uno para cada grabado en cada punta de la estrella.

Cada dibujo representaba algo: las puntas laterales representaban los elementos – Agua y Fuego en el lado izquierdo, Tierra y Aire del lado derecho -, las dos de abajo representaban la plata y el bronce y la punta de arriba representaba el oro. Cada objeto a crearse debía representar o estar conectado de alguna manera con cada grabado. Al crear el objeto, el alquimista recibía de él una especie de energía que permanecía en el cuerpo para siempre, ayudándolo a poder crear objetos de ese elemento con mucha más facilidad – aumentando su poder alquímico, en otras palabras -. Pero para poder crear esos objetos, había que “sacrificar” otros a cambio, tal y como mi alma sería usada para devolverla a ella a este mundo, donde ella pertenecía.

Esa noche, solamente abarcamos alrededor del 10% del libro, que justamente era la parte del libro que me ayudaría a entrar al laboratorio; sin embargo, advertí que una parte del libro, justo a la mitad, parecía estar pegada. Al parecer, Zaéd vio la pequeña duda que albergaban mis pensamientos acerca de qué contenía esa parte del libro, ya que al momento me dijo que esas páginas habían sido selladas muchos años atrás, antes de llegar a la gigantesca biblioteca de la Casa de los Alquimistas, por el mejor alquimista que existió, que se hacía llamar a si mismo Guldah, dando como excusa que las páginas selladas, alrededor de unas ciento veinte, solo detallaban cosas que a los alquimistas no debían interesarles por nada en el mundo. Según se cuenta, en esas páginas hay no solo maneras de llevar la alquimia y el poder alquímico de alguien al máximo, sino también hay maneras de hacer que los sacrificios no fuesen necesarios; todo parecía ser algo que realmente cualquier alquimista buscaría sin pensarlo mucho, pero Guldah las había sellado para siempre y no había manera de que se separaran esas páginas. Zaéd sospechaba que la verdadera intención del sello era que nadie tomara el mismo camino que muchos alquimistas que vinieron antes de él: usar el poder de la alquimia para abrir las puertas del Cielo o del Infierno.

Decidí ir a dormir al amanecer, puesto que ya no aguantaba más. Antes de irme, Zaéd me hizo leer unas páginas del libro en las que se hablaba de los Grimahl, en caso de que aparecieran nuevamente en mis sueños. El libro decía que eran criaturas malignas a las cuales se les dio nombre en 1890, alrededor de la época en la que la Casa de los Alquimistas fue construida, por un hombre llamado Alexander Heif Lauen, un alquimista que residía en Inglaterra. El nombre Grimahl es un nombre “compuesto”, por así decirlo, ya que el Grim viene de uno de los nombres con el que se conoce a la Muerte en inglés – The Grim Reaper – y el ahl son las iniciales del nombre de Alexander – A. H. L. -. Según el libro, los Grimahl solo aparecían en los sueños de las personas relacionadas, de una manera u otra, con la alquimia, apareciendo más frecuentemente en los casos en los que la persona se veía relacionada con la parte más oscura de la alquimia o se veía envuelto en los planes de algún alquimista oscuro. Su primera aparición marcaba una advertencia de que la persona estaba caminando un mal camino; si por alguna razón la persona no arreglaba las cosas, las extrañas criaturas volvían a aparecer en los sueños de la persona, dejando una marca en alguna parte de su cuerpo. El nombre no lo tenían como adorno, ya que se relacionaba el hecho de soñar con ellos con el hecho de que esa persona moriría pronto, normalmente de una manera horrible y extremadamente dolorosa. Son entidades hechas a partir de criaturas malvadas que fueron selladas en el Mundo de las Pesadillas hace muchos milenios, que se alimentaban de almas, y de las almas de las personas que morían debido a un mal uso de la alquimia; cada alma representa uno de los tentáculos que vi en los brazos de los Grimahls en ambos sueños, aunque tuve un pequeño error, ya que no son tentáculos aunque lo parezcan, son gusanos de un color grisáceo y largos que absorben las almas de las víctimas de la alquimia oscura. Cada parte de su cuerpo tienen una razón por la cual son de esa manera: sus ojos, sus brazos, sus piernas y su pecho. El hueco en el pecho es así por el hecho de que son seres inmortales a los cuales se les había arrancado el corazón y el alma antes de ser sellados, destrozándolos completamente; mientras el hueco siga estando en el pecho del Grimahl, son criaturas insaciables y extremadamente violentas. Cada brazo representa los cuatro elementos que la alquimia venera tanto, y es por eso que cada mano del Grimahl tiene un color que representa cada elemento, tal y como se distribuyen los elementos en la estrella de la Marca de la Vida; cuando la muerte de un alquimista es relacionada a un elemento, uno de los gusanos del brazo que representa ese elemento absorbe su alma corrupta. Sus patas se parecen a las de un fauno: cubiertas de una especie de pelaje negro desde la cintura hasta las rodillas y de ahí hacia abajo, tienen solo la piel cortada y carcomida, dejando a la vista un hueso amarillento y roído, terminando en unas pezuñas de color rojo; a través del tiempo, han adquirido esta forma debido a que se van adaptando poco a poco al salvajismo animal con el que se comportan. Cada uno de sus tres ojos, repartidos en forma triangular en un cráneo deforme con una boca llena de colmillos y sin nariz alguna, representan un mundo, por así llamarlo: el ojo superior arde con un fuego naranja, representando el Mundo de los Vivos, el ojo derecho arde con un fuego azul, representando el Mundo de los Muertos, y el ojo izquierdo arde con un fuego negro, representando el Mundo de las Pesadillas – en el cual ellos viven -; dependiendo de la víctima a la cual están atacando en sus pesadillas, el fuego del mundo al que pertenece real y finalmente esa persona, sea en el presente o en el futuro, se enciende, condenando a esa persona a permanecer en ese mundo por unos años antes de ser absorbido por los gusanos. Pocos han logrado escapar de los Grimahls, pero los que lo han conseguido dicen que ha sido manipulando sus sueños o simplemente despertando; aunque, en este último caso, ha sucedido muchas veces que el Grimahl sigue a la persona al Mundo de los Vivos para traerla de vuelta a su mundo, pero ahí son más débiles que en su hábitat natural, siendo vencidos si se usa la luz contra ellos.

A pesar de que la descripción que daba el libro, o mejor dicho, sus autores, describía muy bien a los Grimahls que vi anteriormente en mis pesadillas, había algo que hacía a los míos muy distintos a los que el libro me presentaba: los de mis sueños nunca tenían color en sus ojos ni en sus manos, solo eran grises y sus ojos eran tan negros como la noche más oscura. “Esos son, amigo mío, otra especie de Grimahl. Los que enfrentas en tus sueños son un poco más peligrosos que los que ves ahora en ese libro. Has de tener mucho cuidado, ya que esos son el triple de salvajes y no pararán hasta tomar tu alma. Siempre intenta manipular tus sueños, o intenta despertar. Aunque parezcan pesadillas comunes, jamás lo serán, ese es su mundo. Ahí siempre estarás consciente, así que ten mucho cuidado e intenta sacarlos del Mundo de las Pesadillas, o salir de ella solo tú, preferiblemente. Hay una manera muy sencilla de traerlos, pero para ello deberás manipular la pesadilla, y a ellos no les gusta cuando los humanos hacemos eso. Solo intenta crear una fuente de luz que los mantenga encerrados en un solo lugar, sin poder moverse de ahí. Si te lo preguntas… De una manera u otra, sigue siendo tu sueño, así que puedes hacer lo que quieras si logras controlarlo todo”.  Antes de salir de la biblioteca, Zaéd me dijo que mi habitación se encontraba en el segundo piso, en el pasillo de la derecha, así que me dirigí hacia las escaleras para ir a mi habitación y poder descansar.

Al subir por las majestuosas escaleras de madera vieja que parecía estar totalmente nueva, me llamó mucho la atención ver la marca que adornaba el piso del enorme salón principal de la mansión grabada en el picaporte de la puerta que daba al segundo piso, como si fuera otro escudo como el de la entrada al laboratorio y temí que la puerta no abriera. Pero, aunque la puerta se resistió por un momento, al final conseguí abrirla, no sin antes sentir una extraña sensación que me decía que corría peligro solo con el hecho de que mi presencia existiera en esa mansión. Al atravesar la puerta, me encontré con dos pasillos a izquierda y derecha y uno más largo frente a mí. La sensación de peligro había cambiado en ese momento a algo nuevo, más extraño: ahora sentía como si me estuviesen vigilando a cada paso que daba a través del pasillo que daba a mi derecha, pero mi cansancio podía más que cualquier otra sensación que pudiera ser capaz de invadir mi cuerpo y mis pensamientos en ese momento, así que simplemente decidí seguir mi camino y tumbarme en la cama que Zaéd había preparado para mi estadía en la mansión, añorando inútilmente el sueño de despertar en mi cama, en mi cuarto, con ella a mi lado nuevamente lo más pronto posible. Desde que la perdí, mi vida ha cambiado mucho y ha dado giros totalmente inesperados, pero jamás pensé que la recuperaría, o que al menos la traería de vuelta. Antes de darme cuenta, poco después de haberme acostado en la cama, ya había cerrado los ojos y me había adentrado en un mundo lleno de mis pensamientos más profundos, solapados unos sobre otros y colapsando hasta la medida de terminar mezclándose.

Repentinamente, sentí que mi cuerpo cambiaba de posición y ahora me encontraba de pie, pero no entendía cómo había sucedido. Intenté abrir los ojos para poder ver exactamente en qué lugar me encontraba, pero no pude hacerlo, así que intenté moverme al menos, pero mi pequeño esfuerzo resultó ser en vano, ya que no me logré mover ni un milímetro. En ese momento, escuché los pasos de alguien acercándose al lugar en el que yo me encontraba. Los pasos cesaron justamente frente a mí, y en ese momento sentí que alguien tomaba mi brazo izquierdo y colocaba sus dedos en la marca que el Grimahl había dejado en mí. Fue ahí cuando el extraño comenzó a hablarme con una voz gris y monótona, como la voz que tendría alguien sin sentimiento alguno, alguien sin vida, alguien como yo…

“Esto es un sueño. Es TU sueño. Puedes liberarte de las cadenas invisibles que puse alrededor de tu cuerpo, que solo yo puedo mover, en el momento en que quieras hacerlo, pero no podrás abrir los ojos mientras yo siga aquí, ya que el poder que se me ha dado es mucho más fuerte que el tuyo, y por mucho. Si te até fue simplemente para lograr mantenerte en el lugar en el que estás mejor, en el lugar en el que estoy seguro de que no me cuestionarás y me escucharás a cada palabra que te digo. ¿Para qué te digo que puedes liberarte si quieres, en vez de mantenerte en la ignorancia total? Porque al fin y al cabo, es tu decisión si quieres que mi visita sea corta o sea larga”. Al instante, supe que me decía la verdad, lo presentía, pero igual sus palabras me traían demasiadas preguntas que me tenían totalmente intranquilo. Sin embargo, preferí permanecer quieto en el lugar en que me habían encadenado y escuchar atentamente. “Bueno, veo que mi visita será corta entonces. Así es mejor para ambos, las almas de los alquimistas suelen atraer a los Grimahls cuando se adentran en los sueños de otras personas. Iré directo al grano. Soy uno de los Gómez, Ricardo, el hijo mayor… Fue en mí en quien experimentaron para probar si la herencia realmente funcionaba. Me trajeron a la vida, pudieron hacerlo con éxito, o mejor dicho… Trajeron mi cuerpo nuevamente a la vida, pero no con mi alma, sino con el alma de algo malo, de algo sin escrúpulos ni corazón alguno. Algo totalmente despiadado.” A partir de este momento, Ricardo puso las palmas de sus manos en mi cara, de forma que tapaba mis ojos, y comencé a ver todas y cada una de las cosas que me dijo a continuación con lujo de detalles, como si estuviera viendo a través de los ojos del alma de Ricardo. “Pude ver como mi cuerpo regresaba a la vida, pude ver como el alma de algo o alguien más se apoderaba de mi cuerpo, usurpaba mi lugar y por último, pude ver como tomaba mi lugar en la familia, sin que ellos se dieran cuenta. ‘Esa cosa’ podía sentir mi presencia, a pesar de ser imperceptible a los ojos de un humano normal. Y luego vi como sucedió todo, como ‘esa cosa’ usó mi cuerpo para matarlos a todos, para descuartizar a cada uno de los miembros de mi familia y de la policía que entró luego a intentar arreglar las cosas. ¡Fue algo horrible, algo indescriptible! No podía dejar de mirar, no podía creer que estaba viendo a mi cuerpo arrancando los brazos de mis hermanos y luego cortando sus cuellos, cercenando las cabezas de mis padres con un cuchillo, haciéndolos sufrir lenta y dolorosamente, quitando el corazón con la mano limpia a los tres policías que entraron en mi casa…  Y luego, de pronto, vi como el momento de furia y de ansia de sangre se desvanecía poco a poco mientras mi cuerpo se desplomaba contra el piso, inerte, sin vida alguna brillando en sus ojos nuevamente luego de que mi brazo hubiese cortado mi cuello con sutileza y precisión perfecta mientras miraba fijamente al punto en que me encontraba yo mirando mi cuerpo cometer tales actos, mostrando los dientes en una sonrisa malévola y horrible que me provocaba un miedo inmenso. Luego de eso, no vi el alma extraña salir de mi cuerpo, se había desvanecido al parecer. He intentado hacer entender a muchos otros alquimistas que fue lo que realmente ocurrió en la Casa de los Alquimistas hace ya tantos años, para que desistan de usar y de buscar la herencia, puesto que existe la posibilidad de que algún demonio sediento de sangre humana, caos y destrucción se apodere del cuerpo del sujeto antes de que su alma sea capaz de volver a su cuerpo, tal y como me pasó a mí. Pero ninguno me escucha, todos se liberan de las cadenas y despiertan de este sueño antes de siquiera dejarme comenzar a hablarles. Ahora vengo a ti, que sé que quieres traer de vuelta a la vida a tu amor y estás en la Casa. Desiste de tu idea y quema la casa, desaparece la herencia para siempre, te lo ruego. Quema la Casa, asegúrate de que solo queden las cenizas del pasado. Te lo ruego. Eso era todo lo que quería decirte, todo lo que quería pedirte. No te dejé verme porque si lo haces, hay más oportunidades de que aparezcan los Grimahls y nos ataquen a ambos, puesto que lo único que queda de mi es una débil luz… Estoy cansado de vagar, estoy cansado de sufrir… Quiero volver con mi familia – en este momento logré ver que aún permanecían ciertos sentimientos en el alma de Ricardo: la pena, el dolor, la tristeza y la culpa -. Si aceptas, aunque sé cuánto quieres que ella vuelva a la vida, primero necesitaré que vayas al laboratorio y lo quemes desde el interior o si no quedará intacto por el sello. Y luego quema el resto de la casa. Sé que la quieres de vuelta, pero debes tener en mente que existe solo un 10% de posibilidades de que el alma que regrese al cuerpo de tu amada, sea realmente su alma. No cometas el mismo error que mi familia, por favor. Yo…” Antes de que Ricardo pudiera terminar de hablar, escuché el chillido de un Grimahl en la habitación en la que estábamos. Inmediatamente Ricardo me liberó de las cadenas y me dejó abrir los ojos, solo para encontrarme con la horrible visión del alma de Ricardo siendo absorbida por los gusanos del Grimahl.

Esta vez, el Grimahl era como el del Gran Libro de los Alquimistas, y pude ver como se encendían sus ojos con las llamas de los tres mundos en los que ellos podían transitar libremente, como si esa fuera una señal de satisfacción, mientras el alma de Ricardo gritaba despavorida al ser absorbida por el Grimahl. Apenas terminó de tragarse el alma de Ricardo, el Grimahl me miró fijamente a mis ojos con los suyos envueltos en llamas y pude verlo en su máximo esplendor, haciéndome temblar del miedo sin remedio, sin consideración. Temí por mi vida, puesto que ya era la tercera vez que veía uno en mis sueños. No conseguía mover ni un músculo, ni siquiera podía apartar la vista por miedo de que al hacerlo y volver a ver al Grimahl lo tendría ya encima, abriéndose camino a través de mi piel para arrancarme mi alma. Solo podía escuchar a mi corazón latiendo, cosa que eso parecía oír también y parecía satisfacerlo aún más, puesto que logré detallar algo así como una sonrisa llena de dientes puntiagudos en su extraño rostro carcomido y gris por los millones de años de existencia que tenía la criatura. Al siguiente instante sentía como una extraña fuerza me atraía hacia un nuevo lugar, mientras que el entorno hermoso y azul, lleno de luces, que me rodeaba cambiaba velozmente a un escenario más lúgubre y tenebroso que la misma mansión abandonada: el Mundo de las Pesadillas, más específicamente, la pesadilla en la que vi a los Grimahl por primera vez, el camino en que la asesinaron. El Grimahl desapareció de mi vista repentinamente y no volví a verlo por unos segundos, mientras me preguntaba y me respondía a mí mismo cómo las luces del Mundo de los Muertos no le habían afectado: no eran luces realmente, eran solo el resplandor causado por las llamas de ese Mundo en específico, las llamas azules que salían de uno de sus ojos. Repentinamente, sentí el dolor frío de las garras del Grimahl rasgando mi camisa y dejando una herida poco profunda en mi espalda, pero lo suficientemente larga como para dejarme arrodillado en el piso por el dolor, mientras sentía la sangre caliente recorrer mi espalda lentamente. En ese momento pude saber, con ese primer golpe, que la criatura iba a jugar conmigo a menos de que yo me defendiera de sus ataques, porque pudo haberme matado en ese mismo instante. Comprendí que la criatura podía manipular libremente el lugar en el que nos encontrábamos, podía usar la falta de luz a su favor, desapareciendo a voluntad, camuflándose entre las sombras que proporcionaba mi infierno personal.

El asfalto que recorría el camino en que nos encontrábamos estaba increíblemente frío y se veía totalmente negro, haciendo parecer que me encontraba flotando en la nada. Tomé aire y me decidí a buscar una solución y a hacer tiempo para encontrarla antes de que el Grimahl me destrozara poco a poco. Me levanté y salí corriendo en ese momento, buscando esconderme entre unos árboles que estaban a la derecha del camino. Mientras me escondía, escuché un disparo y casi inmediatamente le siguió otro. Al voltear a ver el camino, pude ver como se repetía frente a mis ojos la escena de mi primer contacto con los Grimahls, pude verme tirado en el piso al lado del cuerpo inerte de la mujer que más he amado en mi vida, intentando ayudarla, mientras nuestro agresor se alejaba y los Grimahl se acercaban. En ese momento, logré ver como las sombras que cubrían a nuestro asaltante se levantaban y dejaban a la vista a una persona que aunque sentí que reconocí, no podía distinguirlo totalmente. En ese momento, el chillido agudo y estridente del Grimahl me despertó de mi trance, al darme cuenta de que la criatura estaba nuevamente a mis espaldas. En ese momento lo vi acercarse corriendo y luego, para mi sorpresa, sentí como caía de espaldas en la cama de mi habitación en la Casa de los Alquimistas. A pesar del increíble dolor que recorrió mi cuerpo por el contacto de las sábanas con mi herida abierta, me sentí totalmente aliviado al darme cuenta de que había vuelto a estar despierto, sin más heridas que la ya provocada por el Grimahl en mi espalda. Al voltear a ver las ventanas, vi que la luz anaranjada y potente del sol estaba desapareciendo en el horizonte, abriendo paso para que la hermosa luna plateada iluminara tenue y débilmente las calles, edificios y casas de esta parte del planeta. Tenía que alistarme y comer rápidamente para poder reunirme con Zaéd nuevamente en la biblioteca de la Casa de los Alquimistas. La aparición de Ricardo en mi sueño me estaba haciendo dudar, por todo lo que vi, puedo saber que realmente traerla de vuelta a la vida podría resultar en algo totalmente catastrófico. Debo pensar muy bien si haré lo que me pidió el alma de Ricardo o no, pero aunque vaya a quemar y desaparecer de la faz de la tierra a la Casa y a la herencia, necesito que Zaéd me ayude a entrar al laboratorio de la mansión. Tengo que hacerlo, la vaya a traer de vuelta o no. Maldición, quisiera arriesgarme a ver si es posible que sea su alma la que entre a su cuerpo, pero las posibilidades de que eso pase son extremadamente bajas… Necesito pensar, necesito pensar…

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