Sin salida…

Podía ver frente a él a aquel ser extraño, en el que se había convertido su peor pesadilla, retorcerse del miedo al ver el cañón apuntar la parte baja de su barbilla con la intención de hacer que la bala atravesara de verticalmente su cráneo. Podía sentirlo sufrir, podía ver como salían lágrimas de miedo de sus ojos, podía oír sus lamentos retumbando en sus oídos a pesar de la mudez de aquella cosa que había hecho trizas su vida, podía sentir, a través del metal frío de la pistola, como su cuerpo temblaba sin control.

Al fin tenía el control de la situación, al fin sería capaz de tomar venganza por todo el daño que había hecho ese ser. Frente a él, veía solo una criatura extraña, rastrera, amorfa, algo que no era ni la sombra de lo que solía ser; una criatura que no merecía permanecer ni un segundo más entre los vivos luego de todo el daño que había causado desde hacía tanto tiempo. No podía controlar sus impulsos, necesitaba hacerlo, necesitaba deshacerse de “eso” de una vez por todas. No podía posponer más aquel momento.

Finalmente, decidió echar un vistazo directamente en los ojos rojos del ser que perecería aquella misma noche si todo salía como esperaba, y encontró, en ellos, algo que los relacionaba a ambos profunda e íntimamente: rencor, ira y miedo. Apretó el gatillo con todas sus fuerzas, las pocas que tenía en ese momento, y todo quedó en oscuridad mientras el espejo quedaba salpicado en sangre y a lo lejos una mujer gritaba atemorizada por el sonido producido por el arma al accionarse.

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