El noveno día

Hubo un tiempo en que, incluso con simplemente cerrar los ojos, podía ver de nuevo aquel momento, como si de una pequeña película de terror se tratara. La escena se repetía en mi mente una vez más, con lujo de detalles.

La pregunta inocente, las lágrimas cristalinas recorriendo las mejillas de todos, la cobija y, por último, la respuesta a una pregunta que nunca hizo falta preguntar, pero que de igual forma era imposible de creer de buenas a primeras. Largos minutos en el baño, simplemente mirando las gotas caer por mi cuerpo, cayendo al piso y luego desapareciendo a través de aquellas rejillas metálicas, pensando en que aquello no podía ser real, pero sin saber que ya lo había aceptado. La familia, toda unida en aquel momento, intentando calmarse a su manera.

En un principio, aquella era una de las pocas escenas que podía recordar con lujo de detalles, junto a muchas otras escenas horribles. Pensar en ti me causaba un dolor tan enorme que nada podía apaciguarlo. Se sentía como si un arma blanca atravera mi pecho, mi corazón, y mi alma, como si hubiese caído en un abismo interminable. No podía levantarme, hasta que poco a poco fui mejorando, con mucha ayuda de una persona, un ángel que tuve la suerte de conocer en el momento correcto, muy especial para mí, de muchos amigos increíbles, y de una familia que tuvimos la suerte de compartir.

Siempre pensé que justo cuando más te necesitaba te habías tenido que ir, que realmente no podía entender cómo era posible que eso sucediera, que una persona tan importante se haya esfumado de un momento a otro… Pero con el tiempo he aprendido que nunca te fuiste. Que aún vives, en mí mente, en mis recuerdos, en mi corazón, en mi alma, en mi día a día, pero aún vives aunque no sea de forma física.

Hace ya tres años que escribí algo para ti, una historia que representaba todo a lo que yo habría sido capaz de arriesgarme por tenerte de vuelta entre mis brazos, por escucharte una vez más, por compartir contigo tantas cosas increíbles que me han sucedido, que me recuerdan a ti. Escuchar un regaño, una palabra de aliento, una canción, un abrazo, la bendición, un te quiero. Daría mucho por tener eso de vuelta en mi vida. Algo que jamás supe apreciar como lo debí apreciar, porque realmente nunca sabemos lo que tenemos hasta que perdemos, porque realmente nunca sabemos cuándo lo podemos perder. Agregué tantas cosas, escondí tantas otras, que realmente el sentido real y original de aquella historia es conocido únicamente por mí, el sentido principal. Aquella fue la primera cosa que escribí por completo, algo que tú siempre supiste que me gustaba hacer aunque nunca lo terminara, y la terminé con una frase que me ha hecho darme cuenta de que aunque ya no estés acá físicamente, el tiempo se ha encargado de hacerme ver que nunca te fuiste de mi vida espiritualmente: las personas pueden vivir eternamente siempre y cuando estén presentes en la mente y los recuerdos de sus seres más queridos, y tú vivirás eternamente en la mente y el alma de tu familia, de mi mente y mi alma, por siempre.

Siempre fuiste cómplice de mis sueños, de lo que imaginaba, porque nunca intentaste detenerme, sino que te gustaba escuchar lo que yo quería hacer, por más ilógico e infantil que fuera. Al menos siempre lo sentí así. Al menos siempre te vi como alguien tan genial, tan importante, tan increíble, tan… Tú.

Con el pasar de los años, con el pasar de los dolores, con la cicatrización de las heridas más profundas, me he ido dando cuenta de que muchos de mis recuerdos de la infancia más alegres, muchos de mis recuerdos de la infancia más divertidos o los más significativos, fueron estando contigo. Mi memoria falla mucho, es muy mala, y de las cosas de mi infancia que recuerdo, generalmente estás presente en ellos.

Me he dado cuenta de que no te perdí. Me he dado cuenta de que solo te fuiste para poder estar en un lugar mejor, me di cuenta de que todas esas veces que pensaba que, al voltear y ver la puerta de la casa abrirse te vería pasar a través de ella una vez más después de tanto tiempo, estabas ya ahí conmigo, ayudándome a enfrentar mis miedos, mis problemas, mis dolores, mi cansancio, mis dudas; estabas ahí tratando de llegar a mi alma para que yo me diera cuenta de que nunca te fuiste.

Comencé a escribir esto, comencé hace cinco días a dedicarte cinco canciones diferentes que se que habrías disfrutado tanto como yo junto a un recuerdo de mi infancia a tu lado, porque pensé que esto sería terapéutico. Porque pensé que hoy justamente debía ser ese último día por ser el noveno de tus cumpleaños que he pasado sin tu compañía, desde aquel día en que partiste sin quererlo. Porque, aunque ya no me duele recordarte sino más bien me hace sonreír y me hace sentir bien el saber que siempre estarás viviendo en mí, y que siempre me vas a cuidar desde donde estés, sentía que esto iba a hacerme ver cuán cerca estás aunque no estés.

Pero con el pasar de estos cinco días me he dado cuenta de que realmente todo esto lo hice porque quería darte, a mi manera, un muy feliz cumpleaños, quería dedicarte más tiempo y más de mi de lo que lo he hecho hasta ahora. Donde sea que estés, espero que estés orgulloso de mí, y que estés bien.

Feliz cumpleaños, una vez más, O.A.R.R., jamás te olvidaré, y jamás dejarás de vivir en mis recuerdos, eternamente, y con esa sonrisa increíble que tanto te caracteriza en ellos. Gracias por absolutamente todo lo que me diste.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s