Entre Sueños -II-

George despertó y se sentó en la cama de golpe, gritando, lleno de terror como al final de aquella pesadilla, y no era solo por eso. No podía creer que estaba teniendo aquel sueño nuevamente, y por segunda noche consecutiva, después de tantos años, de tantas terapias y de los kilómetros de distancia que existían ahora entre él y aquella horrible casa, de la cual solo quedaba una cáscara vacía, consumida por un incendio repentino y desastroso.

Su esposa, Allyson, había despertado con los gritos de George, e inmediatamente lo había abrazado, logrando hacer que dejara de gritar y que finalmente se diera cuenta de que sólo había sido un sueño, que nada de eso era real. La noche anterior había sucedido lo mismo y despertó horrorizada; simplemente se quedó mirándolo hasta que entró por su cuenta en razón, no sabía qué hacer para calmarlo.

-Cariño, tuviste el mismo sueño de anoche, ¿verdad? -preguntó Allyson mientras acariciaba la espalda de George, que se encontraba acurrucado como un niño entre sus brazos, mirando a sus manos.

-Sí… Ally, maldita sea. Cinco jodidos años de terapia de pequeño, para una mierda -dijo George, en voz baja, mientras una lágrima corría por su mejilla izquierda.

Aborrecía cualquier pensamiento referente a su infancia, y había logrado olvidarlo todo, pero ahora estaba volviendo a recordar cada segundo que había pasado desde la noche en que tuvo por primera vez aquella horrenda pesadilla. Le había contado a Ally todo lo que recordaba, hasta el momento había bloqueado toda su infancia y ni a ella se la había contado, le era imposible recordar nada antes de cumplir sus 12 años. De todas formas, los recuerdos le venían lentamente y por pedazos, aún no podía armar una clara imagen de lo que había sucedido, ni de porqué aquel sueño le provocaba tanto miedo.

No tenía fotos de cuando era pequeño, no tenía contacto con su familiar vivo más cercano – su hermana Vanessa -, y realmente no recordaba nada de su vida antes de aquella edad; pero había algo que lo obligaba a mantenerlo en el olvido, había algo que le imploraba y convencía de dejar las cosas como estaban. Todo el día lo había pasado investigando sobre lo que sucedió en aquella casa que le resultaba totalmente extraña, mientras la información llenaba más y más su cabeza y las horas pasaban, recordaba más detalles de lo que realmente había sucedido. La única información que había encontrado era la de un artículo escrito en el blog de una chica que se había dedicado a juntar la información que pudo encontrar de aquel extraño incidente y de lo ocurrido con los niños a partir de ese momento, o al menos todo lo que se sabía públicamente, que lamentablemente no era demasiado. Según la prensa, los vecinos reportaron el incendio pasadas las 2 de la mañana del 15 de febrero de 1991, fecha de la cual se cumplirían exactamente 25 años antes del día siguiente a aquel en que se encontraba frente a la computadora investigando todo lo posible para aclarar sus dudas; en el incendio había muerto su madre, y tanto él como sus dos hermanos resultaron heridos. Todo eso había sucedido apenas dos semanas luego de la muerte de su padre, y los niños tuvieron que irse a la casa de su abuela a vivir luego de lo ocurrido, a unas pocas calles de distancia de la casa. Los tres niños, que fueron hallados inconscientes en la planta baja, todos en diferentes habitaciones, de la casa al ser rescatados, temblaban del miedo y murmuraban cosas en voz muy baja cuando despertaron.

Ninguno sabía qué había ocurrido, y aún así supieran las causas de aquel desastre, el estado en que se encontraban no les habría permitido contar nada. Dos semanas y media antes, un par de ladrones habían entrado a la casa para robarles, y uno de ellos había intentado “violar al más pequeño de los niños”, según dijo la prensa – haciendo referencia a George -, pero no fue capaz de hacerlo. La madre había logrado llamar a la policía a tiempo, pero para el momento en que estos llegaron, escucharon los gritos llenos de horror de todos los que se encontraban dentro de la casa, y al entrar descubrieron que uno de los ladrones se encontraba decapitado, el que había intentado violar al niño, y el padre de este último tenía sangre en sus manos, su rostro y su cuerpo, la cual luego fue identificada como perteneciente al ladrón; el otro ladrón se encontraba en una esquina, muerto del miedo, viendo aquella extraña escena. Se llevaron al padre de los niños y al ladrón que quedaba vivo, pero no podían encontrar la cabeza del otro ladrón en ninguna parte. Extrañamente, tanto el ladrón como el padre murieron unos días después en sus celdas; ambos habían sufrido ataques cardíacos fatales al despertar gritando luego de estar durmiendo por horas. Al enterarse de la noticia, la madre de los niños cayó en un estado de depresión tan fuerte que más nunca volvió a levantarse de la cama, dormía casi todo el día, mantenía la puerta de su cuarto cerrada y no permitía la entrada de los pequeños al mismo. El origen del incendio que se llevó la vida de su madre, y destruyó el lugar que en algún momento llamaron “hogar”, nunca fue determinado por el estado en que quedó el lugar, pero se sabía que no había comenzado en el cuarto de la madre y que esta tuvo la oportunidad de escapar, aunque no lo hizo; el fuego lo consumía todo con una fuerza anormal, principalmente en el segundo piso, tanto que una vez los niños fueron rescatados, el segundo piso se vino abajo. Todo lo referente al incendio, las circunstancias que lo rodeaban, eran un total misterio, nadie supo nunca lo que sucedió. Luego de lo ocurrido, no se supo mucho más sobre los tres niños; lo último en darse a conocer fue que la abuela de los niños murió meses más tarde, y que estos habían quedado bajo el cuidado del Estado.

-George, debes descansar -le dijo Allyson, intentando convencerlo de dormir un poco-. Sé que no puedes sacarte eso de la cabeza, pero es solo un sueño, es solo una pesadilla -su mano derecha se paseaba delicadamente por las mejillas de su esposo, que en este momento no parecía más que un niño pequeño, obstruyendo el paso de las lágrimas para luego secar sus mejillas lo más que pudiera.

Allyson era tres años menor que él. Piel morena y suave, con un par de ojos increíblemente claros, labios finos y el cabello largo y negro. Su nariz era perfectamente perfilada, con un par de orificios finos, tenía un cuerpo atlético que mantenía a diario haciendo ejercicio y era de baja estatura; era escritora, al igual que él.Tenían un par de años de casados y un par más estando juntos. Él, por su parte, había crecido para convertirse en un hombre alto, con su rostro demacrado y gobernado por una expresión totalmente seria la mayor parte del tiempo, exceptuando aquellos momentos especiales que pasaba con su esposa; tenía el cabello corto y rojizo, una barba espesa cubriendo sus mejillas y su mandibula inferior. En el hombro y muslo derecho tenía la marca causada por una quemadura que sufrió en el incidente ocurrido en su casa, quemadura que le recordaba todos los días que existía algo en su mente obligándolo a olvidar toda su infancia.

-Ally, no es tan sencillo. Yo lo intento, pero esta sensación de inseguridad me persigue, me estoy volviendo paranoico y lo sé… Pero no puedo evitarlo -Allyson pudo notar el dolor que se desprendía de las palabras que salían de la boca de George, así como también la dificultad con que las dijo, y sentía un vacío horrible en su corazón por no poder hacer nada para ayudarle más que consolándolo en la oscuridad de aquel cuarto en que dormían.

-Por favor, debes intentarlo. Te juro que me mantendré despierta acá, a tu lado, hasta que te duermas. Te ayudaré con todo lo que necesites, pero a esta hora no puedes hacer mucho más de lo que lograste en el día -así pudo convencerlo de acostarse nuevamente, algo que George le agradeció con un beso y un fuerte abrazo; ya a su esposo le resultaba imposible hablar fácilmente y prefirió demostrar su agradecimiento.

Mientras veía como su esposo dormía finalmente, vio el reloj digital que reposaba sobre la mesa de noche, al lado de George, y se percató de lo tarde que era.

Eran las 2:34 AM.

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