— Domingo, 26 de junio de 2016 —

— Luego de muchos trámites, conseguimos todo para irnos, para dejar todo atrás, para alejarnos de nuestra propia miseria; para alejarnos de un legado insostenible a estas alturas, repudiado desde el fondo de nuestras almas por tanta destrucción y odio que se causó en su nombre.

Conseguimos un pasaje de ida a EEUU. Éramos cinco personas. Estábamos a la espera del transporte junto con mi amigo, A, quien me había dicho que me acompañaría, sin realmente saber a dónde iríamos, ni por qué. Tenía miedo de decirle, de dejarle atrás, es uno de los mejores amigos que he tenido en toda mi vida, pero tenía que hacerlo en algún punto. Estuvimos hablando de todo lo que teníamos cuadrado para hacer en el mes, e incluso teníamos algo cuadrado para el día siguiente, pero no podría ir.

No podía dejar de pensar en todo lo que, tristemente, dejaría atrás: mi familia, mis amigos, mi vida, mis sueños e incluso a la persona a la que amaba, C, a quién no tuve la valentía de decirle que me iría y simplemente desaparecí. Mi mente me mataba, así que decidí decirle a A, decirle que me iría, que me iría lejos. A me preguntó entonces que cuando volvería en el mes, y realmente lo único que supe decirle fue que a partir de ese momento, yo no podía saber qué iba a hacer con mi vida, mucho menos cuándo podría volver, así que le preguntó a B.

B dijo que no sabía si nos iríamos, realmente. Que no quería, por cuestiones de amor, aunque nunca especificó de quién. En ningún momento me veía, y evitaba cualquier tipo de contacto visual conmigo. Fue en ese punto en que me despedí de A, pues habían llegado a buscarnos, en una especie de camiones extraños. Por todo el camino fui pensando, y B también lo hacía. Pero ninguno de los dos intercambiamos palabra alguna, ni entre nosotros ni con los demás. Casi llegando al punto final, donde nos esperaría el avión en el que partiríamos, decidí regresar. No podía, realmente no podía irme, no podía dejar atrás mi vida entera así como así, no podía irme sin despedirme de C, no podía irme sin lograr mis sueños.

Esperé un rato en el lugar anterior y poco después llegó B, y ahí supe que D y E se habían ido junto con F. Sabía que no podría verles crecer, que me perdería de mucho al quedarme… Y me dolió en el alma. Pero necesitaba quedarme, o si no, jamás tendría la vida que quería tener, en ningún lugar.

Luego, estábamos en una casa, comiendo. De pronto, estaba D(?) ahí, que me dijo que me quería, a pesar de que casi nunca le había escuchado decirme eso, cuando yo me estaba acercando a B. Le respondí que yo también a D(?), me senté a un lado de B y le dije que le quería, e intenté abrazarle, pero su respuesta fue un “¿Qué te pasa?” y se marchó. De pronto, desperté, sin haber visto el rostro de B en ningún momento, solo recibiendo una fría indiferencia de su parte en el transcurso del sueño. —

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