El camino que elegí ~ Parte I

Harry no podía creer que el reproductor de VHS de su tío aún funcionara. Carlos siempre le había dicho que era un paranoico, que no entendía qué hacía “investigando” casos como aquél; y se aseguraba, en cada oportunidad que tenía de decirle que estaba loco, de hacer las comillas en el aire con sus dedos al decir la palabra investigando. Desde hacía ya unos cinco o seis años, siempre que ocurría algún caso en San Martín cuya explicación dejaba insatisfecha la curiosidad de Harry, principalmente porque algo le parecía fuera de lugar, comenzaba a buscar explicaciones más allá de las que se exponían al público. A cada año, al menos un par de homicidios y accidentes fatales habían estado sucediendo, y por lo general, las condiciones en las que se resolvían aquellos casos generaban más preguntas que respuestas, y para colmo, los casos siempre se relacionaban con muertes horribles, o múltiples muertes, a veces incluyendo al perpetrador del crimen. Siempre había tenido una especie de sexto sentido para ese tipo de cosas, pero pocas personas le creían, a pesar de que casi nunca se equivocaba, pero para Carlos, Harry simplemente se preocupaba demasiado y pensaba que los medios y las autoridades le ocultaban demasiadas cosas inexplicables a los ciudadanos. Y en esta oportunidad, ¿cómo iba a dejar de investigar por su cuenta?

-Hermano, solo le diré una vaina. Eso no existe, ¿ok? Eso de lo paranormal que tanto usas para explicar más de la cuenta algo que fue explicado ya por los medios, por las autoridades, por toda verga – casi siempre, Carlos comenzaba su argumento de esa manera -. Deja de estar “investigando” vainas y de perder el tiempo, sabes que tenemos bastante trabajo qué hacer y tú sigues aquí jugando con tus mariqueras y tu blog. Deja de jugar a ser Mulder, que no estamos en The X-Files.

-Coño, Carlos, velo así: si estuviésemos en The X-Files serías Scully, porque te la pasas aquí conmigo y te calas mis peos locos, ¿no? – generalmente, las respuestas de Harry eran a manera de chiste, intentaba siempre reaccionar con calma, y ambos terminaban riendo luego.

Trabajaban juntos editando videos, cortometrajes y documentales para una pequeña productora audiovisual de San Martín, literalmente pequeña. Ya que no tenían suficiente espacio en el local, les habían permitido instalar todo lo necesario en el apartamento de Harry, dándoles un poco más de comodidad a los dos, pero por lo mismo, solían perder tiempo y se distraían más de la cuenta. Por más que la productora era pequeña, todos los que trabajaban en ella, principalmente los que se encargaban de grabar, producían bastante material que ellos debían editar.

Tenía ya más de una semana sin saber nada de Guillermo y su novia Alexia, a quien llamaban Lexi, así que le sorprendió cuando, un par de días antes de desempolvar el reproductor de su tío, aquella caja llena de cintas de VHS, 5 en total, y una nota de parte de Guillermo apareció frente a la puerta de su casa una mañana. Harry vivía en un edificio en el centro de San Martín, mientras que Guillermo vivía en una pequeña casa con su novia a unos 15 minutos caminando de separación; supuso que la puerta de entrada del edificio estaba abierta y así Guillermo pudo subir pero, ¿por qué irse y no tocar siquiera la puerta? Guillermo era amigo de Carlos y Harry desde la universidad, ya tendrían al menos 10 años conociéndose, y las puertas de la casa de uno estaban siempre abiertas para los otros dos. Nunca había pasado algo así, mucho menos teniendo en cuenta que había dejado aquella caja con aquella nota sin dejar explicación alguna.

-¿”No quería hacerlo, créeme“? Guille, ¿en qué te metiste? – dijo Harry en voz baja al leer la nota.

Podía reconocer la letra de Guillermo en la nota y en las etiquetas de todas las cintas de VHS, que simplemente decían “Video log nov/’12 #” seguido de un número del 1 al 5, y así fue como pudo identificar que eran de él. Apenas reconoció la letra, llamó a Carlos para preguntarle si había tenido algún tipo de contacto con él en los últimos días y le comentó de la caja y las cintas; Carlos aseguraba que, desde una fiesta que tuvieron una semana antes, no había visto ni a Guillermo ni a Lexi, al igual que Harry. Quedó en preguntarle a Alejandra, su novia, si sabía algo de Lexi mientras Harry intentaba contactar con Guillermo. Qué bolas, estos dos tienen novia, viven con ella y yo sigo más solo que la una, se dijo a si mismo, sabiendo que siempre le había costado conseguir una pareja en sus 31 años de vida. Llamar a Guillermo resultó una pérdida de tiempo, pues la llamada caía directamente a la contestadora; el teléfono estaba apagado, aparentemente. Decidió esperar un rato más hasta que Carlos contactase de nuevo con él.

-Bro, Ale me dijo que tampoco sabe nada de Lexi desde hace una semana, pero como ellos a veces se desaparecen de la nada, no le prestó atención. Cuando me dijo eso, lo llamé ahí mismo y el carajo no me atiende, me cae la contestadora directo. Ahora me dices que a ti tampoco te cae. ¿Será que le hacemos una visita rápida? Ale quiere ir también – le dijo Carlos por teléfono, en su voz se notaba una preocupación genuina.

Los tres se fueron en el carro de Harry. En el camino, podía sentirse la tensión en el aire causada por la preocupación de los tres; no era raro en ellos que se tomaran un par de días sin tener contacto con nadie más, días que aprovechaban en pareja cuando la semana había sido muy agotadora. Pero nunca una semana entera.

Como Harry primero fue a buscar a Carlos y a Alejandra, se tardaron más de los 15 minutos habituales en llegar a la casa de Guillermo desde la casa del primero, y cada minuto que pasaba se hacía más largo que el anterior. Faltando poco para llegar a la casa, poco antes de tener que doblar una esquina, comenzaron a ver humo en el cielo, y a percatarse de que junto al humo se escuchaban gritos de personas y la sirena de un camión de bomberos. Pidieron para sus adentros que se tratara de otra casa, los tres a la vez, casi como si se hubiesen puesto de acuerdo para ello, a pesar de lo egoísta que podía ser desearle eso a alguien más sólo para no ver que se trataba de Guillermo y Lexi, pero no podían evitarlo.

Lamentablemente, la preocupación se hizo mayor al dar la vuelta en la esquina y ver que, en efecto, la casa que se estaba quemando era la de sus amigos. Y peor aún quedaron al ver el estado en el que se encontraba la casa.

-Parece que el incendio comenzó desde el centro de la casa; se propagó rápidamente al resto, pero aún no encontramos el origen del mismo – le dijo uno de los bomberos a Carlos, que fue el único que pudo salir del carro -. Pudimos encontrar el cuerpo completamente calcinado de un hombre en una de las habitaciones, pero no hay manera de identificarlo en este momento.

Harry y Alejandra permanecieron sentados en sus asientos en el carro, el primero boquiabierto y sin despegar las manos del volante, mientras que ella miraba hacia abajo, intentando no ver aquella escena horrible que se encontraba frente a ellos, llorando silenciosamente. Se habían estacionado un poco lejos de la casa para poder permanecer alejados del humo; la casa aún estaba ardiendo en algunas partes, pocas, pero los bomberos habían podido combatir con éxito la mayor parte del incendio. La casa ahora parecía un esqueleto de un animal completamente chamuscado, ennegrecido hasta los cimientos, que invitaba a sus fauces a cualquiera que pasara frente a ella, con sus columnas quemadas y quebradas actuando como brazos preparados para atrapar a su presa, mientras la puerta principal hacía las veces de boca. Tenía un extraño efecto hipnótico en la mayor parte de las personas que se encontraban en la calle viendo aquel espectáculo macabro, pues la mayor parte de los vecinos habían salido, que aunque hacía que no pudiesen dejar de verla, también los obligaba a mantenerse lo más alejados que pudiesen estar. No era solamente la desgracia de lo ocurrido lo que provocaba ese efecto en las personas a su alrededor: la casa, en su estado actual, tenía una especie de energía extraña y macabra rodeándola. El único que no resultó afectado por aquella manifestación anormal de la tragedia había sido Carlos, quizá porque ya había vivido ese tipo de situaciones con anterioridad.

-C, abrázame, por favor… – le dijo Alejandra a Carlos cuando éste abrió la puerta del copiloto -. No quiero estar acá, quiero irme de esta mierda ya…

-Ale, lo siento, de verdad, pero no podemos irnos aún. A Lexi no la encuentran en ninguna parte, y a quien encontraron no pueden identificarlo como Guille. Aún no han podido revisar el sótano de la casa porque los escombros les impiden abrir la puerta, aunque ya casi están listos… Tengo que ayudar.

-Voy contigo, Carlos – le dijo Harry rápidamente al darse cuenta de que sus amigos le necesitaban.

-No, Harry, quédate acá con Ale, necesita compañía y no pienso dejar que se acerque a…

Las palabras de Carlos fueron interrumpidas por los gritos de los bomberos, que anunciaban que habían encontrado un cadáver en el sótano. Sin haberse dado cuenta, Carlos había recorrido lentamente el camino de vuelta al carro; todo parecía estar pasando en otro lugar y perdió la noción del tiempo en ese momento, dando pie a que los bomberos terminaran su labor antes de que él pudiera volver. Parecía que la casa sí había tenido algún tipo de efecto en Carlos, pero había tardado en manifestarse. En ese momento, los tres despertaron por completo de su estado de pavor y decidieron acercarse a ver qué habían encontrado los bomberos, pero éstos no les permitieron ver el cuerpo que encontraron y solo les confirmaron que era una mujer de alrededor de 28 años, y que extrañamente el incendio no había llegado más allá de la puerta del sótano. Siguieron insistiendo para ver el cadáver cuando vieron que lo sacaban en una bolsa negra sobre una camilla, pero el bombero no les dejó pasar.

Dieron gracias a que se encontraban lo suficientemente lejos cuando la explosión ocurrió. Fue una explosión pequeña, pero lo suficientemente potente como para causar el sobresalto de la mayoría de los que se encontraban ahí presentes. Ninguno pudo ver una razón concluyente de lo que originó la pequeña explosión, salvo que aún quedaba una pequeña zona de la casa, en la parte más alejada de la posición en la que ellos estaban parados en ese momento, que se encontraba en llamas. La persona encargada de transportar el cadáver en la camilla se tambaleó con la explosión y la bolsa cayó en medio de la calle; aparentemente, no se encontraba bien cerrada, pues expuso la cara del cadáver al caer. Y quien tuvo la desgracia de ver aquél espectáculo de primero antes de que fuese tapada nuevamente fue Alejandra, quien, al buscar protegerse de la explosión, se agachó y terminó viendo directamente la bolsa abierta en la que se encontraba el cuerpo. No pudo evitar gritar a todo pulmón con lo que vio.

Alexia era una chica muy linda, rubia y de ojos marrón café. Su piel era muy blanca, lo cual era un tema que siempre usaban todos, inclusive ella misma, para bromear al respecto. Aquella persona que se encontraba dentro de esa bolsa era Alexia, pero sus ojos estaban completamente vacíos, abiertos de par en par, mechones de su cabello, que se veía oscuro por lo sucio que se encontraba, se antojaban por cubrir pequeños retazos de su rostro. Su piel había adoptado una extraña tonalidad de gris claro, y sus labios estaban llenos de sangre, así como sus pómulos y parte de su frente; su nariz estaba rota y podía verse incluso a la distancia por el ángulo tan extraño que había tomado luego de haberse roto. Pero, por encima de todo esto, el “detalle” más angustiante, tenebroso y horrible de la imagen de su amiga que ahora se proyectaba ante los ojos de Alejandra era, sin duda alguna, su boca: había sido cortada una extraña especie de sonrisa zigzagueante de oreja a oreja en el rostro de Lexi, dejando su mandíbula completamente caída, y parecía que podía descansar con total facilidad en el cuello de la muchacha.

Carlos tomó a Alejandra entre sus brazos, dándole la espalda al cuerpo de su amiga, y la ayudó a levantarse, clavando su frente en el pecho de éste para evitar seguir viendo, mientras las lágrimas no paraban de salir de sus ojos, así como los gritos de terror y dolor de Alejandra.

-¡¿QUIÉN COÑO LE HARÍA ESO A ELLA?! ¡MALDITA SEA, C, ELLA NO SE MERECÍA ESA MIERDA! – gritaba Alejandra, totalmente desconsolada.

Harry había volteado, logrando así ver el rostro mutilado de Lexi. Permaneció de pie ahí, viendo el punto en el que se encontraba el cuerpo, ya que se lo llevaron lo más rápido posible del lugar luego de los gritos de Alejandra, por un rato. Estaba en shock, no podía creer que aquello estaba sucediendo. ¿De qué se había perdido? ¿Era una especie de broma extremadamente elaborada y de mal gusto? ¿Acaso seguía dormido? No hallaba cómo lograr evitar pensar que aquello era totalmente real, que Lexi estaba muerta. Y que muy probablemente el cuerpo chamuscado que habían encontrado era el cuerpo de Guillermo. No tardarían en confirmar eso último luego de que se realizara la autopsia de dicho cuerpo. La declaración oficial fue que ambos habían muerto en el incendio, pues era más fácil de explicar que el hecho de que Alexia Torres había sido asesinada y mutilada de semejante manera, y que además había sido antes de que el incendio ocurriera; además, no habían pruebas en base a las cuales trabajar para buscar al asesino y al que había provocado el incendio, probablemente la misma persona, aún. Bajo extrañas circunstancias, la autopsia de muchacha debió ser pospuesta un par de días, y esperaban encontrar algunas respuestas al realizar dicho procedimiento.

Al día siguiente, Harry no se atrevía a contactar con Carlos ni Alejandra; no quería tocar el tema aún, pero no había podido sacar de su cabeza aquella situación, todo había quedado grabado en su cerebro. No había podido dormir, y se pasó toda la noche pensando en lo gris que se veía la calle, aquel cuadro producto de la mente más enfermiza que ahora le perseguía mientras intentaba dormir, mirando fijamente sus lentes, que se encontraban posados sobre la mesa de noche al lado de la cama.

No aguantó más aquella situación y decidió sentarse y buscar entre sus cosas el reproductor de VHS que su tío le había regalado un par de semanas atrás, antes de irse del país por una oferta de trabajo en el exterior. Su tío le quería como a un hijo, pues nunca tuvo hijos propios, y antes de irse, le regaló aquel reproductor pues sabía que le gustaban las “cosas viejas”. Conectó todo y buscó la caja que Guillermo le había dejado a la puerta de su casa la mañana del día anterior.

¿Qué era tan importante que decidiste dejármelo a mí? Si lo grabaste en cintas de VHS es porque sabías que solo yo iba a poder verlas, Guille… Los pensamientos le daban vueltas en la cabeza a Harry, y no podía terminar de decidir si quería realmente ver aquellas cintas que su amigo había grabado, o que al menos le había confiado a él pocas horas antes de morir en aquel incendio. Pero sentía que se lo debía, así que tomó la que decía “Video log nov/’12 #1” y la insertó en el reproductor. Funcionaban a la perfección, y, nuevamente, pudo ver a su amigo en aquella cinta, sentado frente a la cámara; paró la cinta apenas comenzó al ver a Guillermo ahí. Las lágrimas salieron sin control en ese momento, quizá aprovechando la soledad y la oscuridad de su cuarto a las dos de la mañana, o quizá porque fue justo en ese momento que terminó de aceptar que lo sucedido aquella tarde había sido real.

Una vez que logró recomponerse, o de sentir que podía seguir con aquello, unos cinco minutos más tarde, continuó viendo el video. Los primeros cinco segundos del mismo eran de Guillermo sentado en la silla, con los ojos cerrados y su nariz apuntando hacia la derecha, mostrando sólo su perfil, su camisa se encontraba totalmente arrugada, su cabello totalmente despeinado e incluso se veía un poco de sangre salir de su labio inferior, como si le hubiesen propinado un golpe. Luego, volteó y habló, causando como reacción en Harry el casi volver a parar la cinta, pero siguió escuchando lo que su amigo tenía para decir.

-Harry, seguramente cuando veas estas cintas estaré muerto. Qué cliché suena esa vaina, pero es la verdad – la voz de Guillermo temblaba -. Sabía que, si grababa esto así, sólo tú ibas a verlo en el reproductor que te dio tu tío. No puedo creer lo que ha estado sucediendo en mi casa, hermano, pero hay algo… Algo que no puedo explicar con simples palabras que ha estado sucediendo desde la fiesta. Hice algo terrible, man, y creo que solamente tú vas a poder llegar al fondo de todo esto; sabes que siempre he confiado en tu sexto sentido. Tengo que… Tengo que intentar organizar mis ideas, tengo mucho que contarte, y será mejor que comience desde el principio, desde la fiesta.

No sólo el estado en que se encontraba en aquella cinta, ni tampoco la naturaleza críptica del mensaje que le acababa de dar Guillermo con esas palabras, había asustado por completo a Harry, había algo más que estaba fuera de lugar. Algo que notó luego de que Guillermo terminó de pronunciar esas palabras, pues había permanecido con los ojos cerrados por todo ese tiempo.

El iris del ojo derecho de Guillermo era completamente rojo, mientras que sus ojos siempre habían sido de color gris.

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